Parecía un callejón sin salida, con paredes de
desgastado ladrillo. La oscuridad, lo más predominante de ese lugar, era
vencida por unos pocos rayos que dejaban ver las farolas de la calle vecina. Nicole
se encontraba a unos metros de una figura, borrosa. Quiso acercarse más pero,
para su sorpresa, sin haber movido si quiera el pie, se encontraba cara a cara
con aquel que vestía una túnica negra hace apenas unas horas.
- Ja ja ja. Ya está hecho.
No fue esa voz lo que más le sorprendió a Nicole,
sino que se encontraba entre aquel ser de la túnica y dos personas que, no eran
ni más ni menos, que su “protector” Daniel y ella misma. Este se encontraba a
pocos pasos de Nicole, con los ojos completamente en blanco y con la espada aún
desenvainada, que parecía peligrosamente a punto de caer sobre el frío suelo.
Se vio a si misma girando la cabeza sin parar, buscando a su agresor, al
parecer, sin éxito. De nuevo, se movió gracias a su pensamiento y se colocó
justo enfrente de Daniel. Intentó tocarle la cara para hacerle reaccionar. Sus
dedos traspasaron su piel una y otra vez, sin el resultado esperado. Al parecer
no podía tocar nada en su “estado”. Al ver esto, se limitó a esperar y observar
lo que estaba a punto de suceder.
Urbel, que apareció entre las sombras, se
encontraba en ese momento, detrás de la “antigua” Nicole, que con el rostro
parcialmente cubierto, dejaba caer su larga cabellera.
- Vas a venir conmigo Nicole. Tranquila, no vamos
a hacerte ningún daño.- Le susurró al oído- Pero Daniel... No creo que tenga
tanta suerte. Tal vez lo torturen hasta que nuestro amo Ipos se canse de él.
Nicole, levantó la cabeza, lentamente, con
tranquilidad, sin temer ni por su vida ni por la de su recién y nuevo amigo. Los
mechones de su pelo caían por todas partes, sin ningún tipo de orden, salvajes,
alocados. Y giró la cabeza.
- ¿Vas a venir conmigo pues? Buena chica. Tal vez
no sean tan duros con tu amigo, aunque su destino está seguro a pesar de todo-
dijo cogiéndole de la muñeca.
- Date prisa, Urbel- exigió su compañero que se
encontraba en ese momento a su lado- Ipos no es conocido por tener mucha
paciencia.
- No te atrevas a mandarme a mí, Marizal.
Recuerda que no eres nada sin mí, ¿me oyes? Nada.
- Lo que tú digas. Cógela y vámonos.
Aún con la mano en su muñeca, Urbel se dispuso a
caminar, pero Nicole no se movió del sitio.
- ¿No me has oído? ¡Muévete!- exclamó cada vez
más impacientado.
- Una cría que hace perder la paciencia al gran
Urbel. No se qué vio en ti Ipos para nombrarte Superior. ¿No eres capaz ni de
moverla un centímetro?
- Te
repito: ¡no vuelvas a hablarme en ese tono! ¡Y no olvides quién es ella!
- Claro que no lo olvido. La llevamos buscando
desde hace dos milenios, ¿cómo voy a olvidarme?
- Bien, marchémonos de una vez-dijo apretando de
nuevo su mano, pero en lugar de la piel de Nicole, solo notó el tacto de su
propia piel.
Marizal, que tampoco que había percatado de lo
ocurrido, giró la cabeza en busca de Nicole.
- ¿Dónde está?- preguntó en un tono considerablemente
alto.
- Como si yo lo supiera- respondió Marizal.
- Es curioso. Ipos se acuerda aún de mí. Eso me
halaga.
Ambos giraron la cabeza a donde escucharon la
voz. Era la de Nicole, pero con un timbre diferente, como más…oscuro. Se
encontraba apoyada en una de las paredes del callejón. Lo único que se veía de
ella, era parcialmente su cara. Dos ojos negros como el azabache miraban
fijamente a Urbel y a Marizal.