- ¿Allá a fuera? ¿A qué te refieres con eso?-
preguntó Nicole.
- Los humanos no estáis tan solos como creéis-
dijo apoyando de nuevo su cabeza en la cama.- Todas esas invenciones… gnomos,
hadas, sirenas… Todas esas criaturas han sido creadas por vosotros para que
podáis sentiros parte de un todo mágico, para sentiros más grandes de lo que
sois. Son solo eso, invenciones. Pero hay criaturas, mucho más espeluznantes y
sobretodo reales, como tú y como yo allá a fuera. No fuimos creados para
serviros sino para mantener el equilibrio entre el bien, con lo que nos representáis
los humanos, y el mal seguido según vosotros, por los demonios.
- ¿Quieres decir que los demonios existen? –
preguntó Nicole.
- ¿Crees que los ángeles existen?
- Sí, bueno. Nos han hablado de ellos en el
colegio.
- Pues si crees que existen, ¿qué te hace pensar
que no existe el opuesto?
- A ver si lo he entendido- dijo poniéndose en
pie y girando su cuerpo para poder verle apropiadamente- ¿Me estás diciendo que
los ángeles y los demonios existen? ¿Me estás tomando el pelo?
- ¿Qué te hace pensar que estoy bromeando?
- Esto es un poco surrealista- se pasó la mano
por el pelo dejando varios mechones de negro azabache despeinados.
¿Ángeles? ¿Demonios? Nunca se había parado a
pensar sobre ello, tenía más cosas importantes de las cuales preocuparse.
- Por cierto, ¿cómo va ese sueño tuyo?- preguntó
Daniel.
- Ah, bueno volví a soñar hace… Espera. ¿Cómo
sabes tú eso?
- Ya te lo he dicho. Sabemos más sobre ti de lo
que crees.
- No me digas que tú eres uno de esos ángeles.
- Básicamente, sí- dijo levantándose, como si
quisiera reafirmar lo dicho.
- Vale, esto ya no es normal. Hay un loco en mi
habitación (“¡en mi habitación!”) que dice que los ángeles y los demonios
existen y que él es uno de ellos. Esto es surrealista.
Siguió paseándose por la habitación, aún sin
poder creerse todo lo que el tal Daniel le había dicho. ¿Él un ángel? Siempre había oído hablar de los ángeles en su
colegio junto con todo eso del bien y del mal. Nunca pensó en que fuera algo
real, no tangible al menos.
- Tú… ¿Un ángel?
- ¿Sigues sin creértelo?
- ¿Cómo quieres que lo haga? – se quedó mirando a
Daniel mientras cruzaba los brazos.
- Entonces, lo mejor será que lo veas por ti
misma- respondió mientras se pasaba la mano de nuevo por su pelo despeinado.
Antes de que pudiera preguntar nada, se vio
rodeada de imágenes, todas juntas, sin ningún tipo de orden aparente. Algunas
no eran ni tan siquiera nítidas, como si de manchas se trataran. De repente, se
pararon, dejando ver un lugar que ya le resultaba conocido a Nicole.
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