sábado, 21 de abril de 2012

CONTINUACIÓN 1 CAP 2


Las horas pasaron con tranquilidad. A pesar de que Rodrigo faltó a clase de nuevo, no fue nadie a sustituirle, lo que extrañó a Nicole y Dana. El colegio era muy estricto en cuanto a normas se referiría, más con los alumnos, pero sobretodo, con los profesores y sus ausencias injustificadas.

Tras otras dos largas horas en un día soleado, terminaron las clases. Nicole y Dana, como de costumbre, se marcharon juntas a casa.

- Aún no me puedo creer que te hayas vuelto a dormir en clase- protestó su amiga.
- Lo siento- se disculpó.- Cerré los ojos un momento. No pensé que me fuera a dormir. Y menos, en mitad de una clase.
- ¿Eres de lo que no hay eh?- dijo revolviéndole el pelo de nuevo- Bueno, me voy a casa que ya es hora. Debería de ponerme a terminar el trabajo del otro día.
- ¿El del suceso ocurrido en el mismo año de tu nacimiento?
- Ese- contestó Dana- ¿Tú has encontrado algo?
- La verdad es que sí. Ya te contaré, porque me quedé a cuadros cuando lo vi.
- Vaya, ahora me dejas con la intriga.
- Ja ja ja. Ya te lo contaré, no te preocupes.
- Mmm… Bueno. Será mejor que me vaya ya entonces. Te veo mañana- dijo alzando la mano.
- Claro. Si sucede algo te mando un Whatsaap.
- ¿Qué puede suceder? Además, estaré trabajando probablemente y ni me enteraré de tu whatsaap. Así que, casi mejor no me lo mandes.
- Vale, no te lo mando entonces. Hasta mañana- y con un gesto de despedida, se fue.

El Sol, ahora en su cenit, informaba de que había llegado el mediodía. Nicole, miró al cielo. Se tuvo que tapar con una mano para que no le cegaran los rayos. Ni una sola nube. Bajó de nuevo la cabeza y la giró hacia una esquina de la calle. Le pareció ver…Imposible. En el recreo, no llegó a ver nada, así que supuso, que era producto de su imaginación. Pero en ese momento, podía verlo perfectamente. No era una sombra, no. Era una persona, vestida con ropajes extraños, como si de otra época se tratase. Vestía una gabardina larga, negra como la noche, que conjuntaba con el resto de su ropa, también negra. No podía ver su cara, pero se aventuró a pensar por el corte de pelo, que era un chico. Tan absorta estaba observando a ese ser, que ni se dio cuenta de que había llegado a parar a un callejón oscuro. ¿Cómo había llegado hasta ahí? De todas maneras, llegaba tarde a casa, así que dejó de dar vueltas en su cabeza a lo sucedido cuando…

- Buenos días, Nicole.

El mismo que estaba hace un segundo al otro lado de la calle, ahora estaba a su lado.

- Perdona, ¿te conozco? ¿Cómo sabes mi nombre?
- Si te lo dijera, no me creerías.
- Emm… Perdona, tengo prisa- dijo, pero antes de que pudiera dar apenas dos pasos, él la interceptó, interponiéndose, de manera que tendría que sortearlo para poder salir del callejón.
- Lo siento, Nicole, pero no puedo dejarte marchar- dijo agarrándola. Su piel, ahora en contacto con la suya, le produjo un cosquilleo. Se extrañó, no era una reacción propia de alguien que estaba siendo asaltada por un completo extraño.  Su mano había atrapado a su muñeca y la apretaba. Mucho. Estaban tan cerca que, casi podía sentir su respiración, agitada para su sorpresa, como si él estuviera más nervioso que ella misma. Le iba a preguntar que qué era lo que quería de ella cuando una risa se escuchó, tan cerca, que Nicole se sobresaltó.

- Vaya, vaya. ¿Qué tenemos por aquí? Si es nuestra querida Nicole. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Dos mil, tres mil años?

Aquel que había pronunciado esas palabras hace un momento, se dejó ver en el callejón. “Otro loco” pensó Nicole. Vestía únicamente, una túnica negra y un pantalón del mismo color, dejando su pecho al descubierto, dejando ver tantas cicatrices, que resultaban casi imposibles de contar. Parecía de la misma edad que Nicole, más alto que ella, y con el pelo cobrizo. Dejaba ver una complexión atlética en sus fuertes brazos, que parecía que exhibía con orgullo. Pero lo que dejó atónita a Nicole, es que, ninguna persona, llevaría por la calle una espada.

- Urbel. ¿Qué haces aquí? – dijo a la vez que puso a Nicole detrás de su espalda, tratando de protegerla.
- Lo mismo que has venido a hacer tú, por lo que veo-respondió con sarcasmo.
- ¿Por qué Ipos sigue insistiendo?
- Nuestro amo tiene grandes planes para ella.
- Marchaos de aquí. Ella no os pertenece.
- ¿Y desde cuándo te pertenece a ti, Daniel?- preguntó otro.
- Desde que es mi obligación protegerla.
- ¿Protegerla? ¿A ella? No me hagas reír. Ella podría acabar contigo antes de que te diera tiempo siquiera a parpadear.
- Se acabó la charla, Marizal. Vamos a por ella- y, desenvainando la espada, se abalanzó.

martes, 17 de abril de 2012

2. EL DESPERTAR.


Bostezos. Resoplidos de cansancio. Hojas de libros. El sonido de una tiza al rozar la pizarra… Y una respiración profunda, tranquila,  resonaba en una clase. Un día cualquiera de colegio. Dana sabe que, la persona a la que está tapando con su cuerpo, duerme plácidamente detrás de ella. La voz del profesor, la sobresaltó.

- Siguiendo con la clase anterior, continuaremos por el punto cinco. Nicole, ¿puedes leer, por favor?

El profesor, sentado en su mesa, esperaba la lectura de su alumna. La única respuesta que consiguió fue la brisa del viento escuchada a través de la ventana de la clase. Dana, dándose la vuelta, zarandeó a Nicole una, otra vez, hasta conseguir despertarla.

- ¿Cómo se te ocurre dormirte en clase? Primer párrafo del punto cinco. Lee- la replicó entre susurros.
- ¿Ocurre algo Dana?
- Nada nada- respondió, colocando su espalda en la silla de nuevo.
- Seguimos pues. ¿Nicole?

La hora transcurrió con normalidad entre las risas de los compañeros, al ver de nuevo, que su compañera viajaba en el país de los sueños. Llegó el recreo y bajaron al patio, donde se encontraron con el resto del grupo.

- Joder. Menudo coñazo la clase de hoy- se quejó Eli a la vez que se sentaba en el banco cruzando sus piernas. A la hora de sentarse, siempre se colocaba en una postura con la que llamaba la atención a más de uno, aunque ella no se percataba de las miradas que la echaban.

-¿No te quejes, eh? Historia siempre es peor que Inglés.
- Sí, pues Nicole se ha vuelto a dormir en clase, Sharon.
- ¿Qué dices? ¿Te han pillado otra vez?
- ¿Cuándo no la pillan?- contestó Dana- Esta vez la he tenido que salvar el culo yo.
- Lo siento. No te he dado las gracias.
- ¿Qué harías tú sin mí, eh, Nicole?- dijo, a la vez que le alborotaba el pelo.
- Poca cosa, creo yo- sonrió mientras se peinaba.

Las amigas siguieron hablando, riendo, insultando a algún que otro profesor incluso, pero no se percataron de que alguien en las sombras, fuera del recinto escolar, en una esquina y agachado, las observaba. En concreto, le interesaba más una de ellas. Pelo negro como la noche y con una altura un poco por encima de la media. La reconocería en cualquier parte. No importaban los años. Estuviera donde estuviera, la encontraría. Y, ahora que había dado con ella, no la iba a perder tan fácilmente. Tan rápido como se vino, se marchó del lugar. Llevar a cabo su plan, no sería nada fácil, pues ella tendría que ayudarle, pero aún no estaba preparada. No. Aún no era su hora.