Bostezos. Resoplidos de cansancio. Hojas de libros. El sonido
de una tiza al rozar la pizarra… Y una respiración profunda, tranquila, resonaba en una clase. Un día cualquiera de
colegio. Dana sabe que, la persona a la que está tapando con su cuerpo, duerme
plácidamente detrás de ella. La voz del profesor, la sobresaltó.
- Siguiendo con la clase anterior, continuaremos por el
punto cinco. Nicole, ¿puedes leer, por favor?
El profesor, sentado en su mesa, esperaba la lectura de su
alumna. La única respuesta que consiguió fue la brisa del viento escuchada a
través de la ventana de la clase. Dana, dándose la vuelta, zarandeó a Nicole
una, otra vez, hasta conseguir despertarla.
- ¿Cómo se te ocurre dormirte en clase? Primer párrafo del
punto cinco. Lee- la replicó entre susurros.
- ¿Ocurre algo Dana?
- Nada nada- respondió, colocando su espalda en la silla de
nuevo.
- Seguimos pues. ¿Nicole?
La hora transcurrió con normalidad entre las risas de los
compañeros, al ver de nuevo, que su compañera viajaba en el país de los sueños.
Llegó el recreo y bajaron al patio, donde se encontraron con el resto del
grupo.
- Joder. Menudo coñazo la clase de hoy- se quejó Eli a la
vez que se sentaba en el banco cruzando sus piernas. A la hora de sentarse,
siempre se colocaba en una postura con la que llamaba la atención a más de uno,
aunque ella no se percataba de las miradas que la echaban.
-¿No te quejes, eh? Historia siempre es peor que Inglés.
- Sí, pues Nicole se ha vuelto a dormir en clase, Sharon.
- ¿Qué dices? ¿Te han pillado otra vez?
- ¿Cuándo no la pillan?- contestó Dana- Esta vez la he
tenido que salvar el culo yo.
- Lo siento. No te he dado las gracias.
- ¿Qué harías tú sin mí, eh, Nicole?- dijo, a la vez que le
alborotaba el pelo.
- Poca cosa, creo yo- sonrió mientras se peinaba.
Las amigas siguieron hablando, riendo, insultando a algún
que otro profesor incluso, pero no se percataron de que alguien en las sombras,
fuera del recinto escolar, en una esquina y agachado, las observaba. En
concreto, le interesaba más una de ellas. Pelo negro como la noche y con una
altura un poco por encima de la media. La reconocería en cualquier parte. No
importaban los años. Estuviera donde estuviera, la encontraría. Y, ahora que
había dado con ella, no la iba a perder tan fácilmente. Tan rápido como se vino,
se marchó del lugar. Llevar a cabo su plan, no sería nada fácil, pues ella
tendría que ayudarle, pero aún no estaba preparada. No. Aún no era su hora.
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