viernes, 13 de julio de 2012

CONTINUACIÓN 4 CAP 2


- ¿Allá a fuera? ¿A qué te refieres con eso?- preguntó Nicole.
- Los humanos no estáis tan solos como creéis- dijo apoyando de nuevo su cabeza en la cama.- Todas esas invenciones… gnomos, hadas, sirenas… Todas esas criaturas han sido creadas por vosotros para que podáis sentiros parte de un todo mágico, para sentiros más grandes de lo que sois. Son solo eso, invenciones. Pero hay criaturas, mucho más espeluznantes y sobretodo reales, como tú y como yo allá a fuera. No fuimos creados para serviros sino para mantener el equilibrio entre el bien, con lo que nos representáis los humanos, y el mal seguido según vosotros, por los demonios.
- ¿Quieres decir que los demonios existen? – preguntó Nicole.
- ¿Crees que los ángeles existen?
- Sí, bueno. Nos han hablado de ellos en el colegio.
- Pues si crees que existen, ¿qué te hace pensar que no existe el opuesto?
- A ver si lo he entendido- dijo poniéndose en pie y girando su cuerpo para poder verle apropiadamente- ¿Me estás diciendo que los ángeles y los demonios existen? ¿Me estás tomando el pelo?
- ¿Qué te hace pensar que estoy bromeando?
- Esto es un poco surrealista- se pasó la mano por el pelo dejando varios mechones de negro azabache despeinados.

¿Ángeles? ¿Demonios? Nunca se había parado a pensar sobre ello, tenía más cosas importantes de las cuales preocuparse.

- Por cierto, ¿cómo va ese sueño tuyo?- preguntó Daniel.
- Ah, bueno volví a soñar hace… Espera. ¿Cómo sabes tú eso?
- Ya te lo he dicho. Sabemos más sobre ti de lo que crees.
- No me digas que tú eres uno de esos ángeles.
- Básicamente, sí- dijo levantándose, como si quisiera reafirmar lo dicho.
- Vale, esto ya no es normal. Hay un loco en mi habitación (“¡en mi habitación!”) que dice que los ángeles y los demonios existen y que él es uno de ellos. Esto es surrealista.

Siguió paseándose por la habitación, aún sin poder creerse todo lo que el tal Daniel le había dicho. ¿Él un ángel?  Siempre había oído hablar de los ángeles en su colegio junto con todo eso del bien y del mal. Nunca pensó en que fuera algo real, no tangible al menos.

- Tú… ¿Un ángel?
- ¿Sigues sin creértelo?
- ¿Cómo quieres que lo haga? – se quedó mirando a Daniel mientras cruzaba los brazos.
- Entonces, lo mejor será que lo veas por ti misma- respondió mientras se pasaba la mano de nuevo por su pelo despeinado.

Antes de que pudiera preguntar nada, se vio rodeada de imágenes, todas juntas, sin ningún tipo de orden aparente. Algunas no eran ni tan siquiera nítidas, como si de manchas se trataran. De repente, se pararon, dejando ver un lugar que ya le resultaba conocido a Nicole.

jueves, 5 de julio de 2012

CONTINUACIÓN 3 CAPÍTULO 2


Lenta, muy lentamente, fue abriendo los ojos. Mientras se fue acostumbrando a la luz que parcialmente le rodeaba, logró atisbar una silueta  parecida a una silla y una mesa a su lado. Las imágenes se le amontonaban en la cabeza, desordenadas, caóticas, hasta el punto de necesitar cerrar los ojos para no marearse aún más de lo que estaba. Intentó moverse, ponerse de pie. Podía sentir todos y cada uno de los poros de su piel pero podía notar como si miles de agujas le atravesaran por todo el cuerpo. Con una mueca de dolor, se detuvo, y se tumbó de nuevo. La sangre se le acumulaba en la cara, debía estar roja.

- Al fin despiertas. ¿Cómo te encuentras?

Nicole se sobresaltó al sonido de su voz. Los recuerdos empezaron a volver de repente, los ojos de Urbel, esa sonrisa, su “protector”…  

- Tú…

Intentó levantarse, pero el dolor se lo impedía. ¿Qué ocurrió para que se sintiera así?

- No te levantes. Es mejor que te mantengas tumbada en la cama.

“¿Cama? ¿Qué cama” Echó un vistazo de nuevo a su alrededor. Ahora sí que podía verlo todo. La cama donde estaba tumbada, la mesa y la silla azul de escritorio con aquellas ruedas que siempre encontraban algo en su camino a la hora de moverse, las estanterías con infinitos libros en ellas… Aquello le resultaba extrañamente familiar, como que se lo encontraba todas las mañanas al abrir sus ojos.

- ¿Mi habitación? ¿Qué hago aquí? ¿Qué ha pasado? ¿Qué haces tú en mi casa?
- Tranquila, no te alteres.
- ¿Qué no me altere? Has entrado en mi casa sin tener las llaves, no te conozco de nada y estás en mi habitación, no me has dicho ni tu nombre ni cómo me conoces. ¿Y aún así me dices que no me altere?- dijo Nicole mientras se incorporaba en la cama, dejando sus pies colgando al borde de la cama.
- Supongo que te debo una explicación.
- Es lo mínimo, ¿no crees?- dijo cruzando las piernas.
- He de suponer que tu primera pregunta será quién soy, ¿me equivoco?
- Esa es una de mis preguntas, pero sí.
- Es largo y difícil de explicar.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Nicole.
- Daniel- sus ojos castaños la miraron fijamente.
- ¿Por qué me conoces?
- Eso es fácil. Digamos que te conocemos desde hace bastante tiempo- dijo cruzando las piernas. Se había sentado apoyando la espalda en la cama, quedándose al lado de Nicole.
- ¿Tú y quiénes?
- ¿Alguna vez te has preguntado si hay algo más allá a fuera?- dijo pasándose la mano por su pelo negro. Le caía liso, rebelde, y le tapaba parcialmente los ojos mientras giraba la cabeza para poder verla, esperando su respuesta.