Lenta, muy lentamente, fue abriendo los ojos.
Mientras se fue acostumbrando a la luz que parcialmente le rodeaba, logró
atisbar una silueta parecida a una silla
y una mesa a su lado. Las imágenes se le amontonaban en la cabeza,
desordenadas, caóticas, hasta el punto de necesitar cerrar los ojos para no
marearse aún más de lo que estaba. Intentó moverse, ponerse de pie. Podía
sentir todos y cada uno de los poros de su piel pero podía notar como si miles
de agujas le atravesaran por todo el cuerpo. Con una mueca de dolor, se detuvo,
y se tumbó de nuevo. La sangre se le acumulaba en la cara, debía estar roja.
- Al fin despiertas. ¿Cómo te encuentras?
Nicole se sobresaltó al sonido de su voz. Los
recuerdos empezaron a volver de repente, los ojos de Urbel, esa sonrisa, su
“protector”…
- Tú…
Intentó levantarse, pero el dolor se lo impedía.
¿Qué ocurrió para que se sintiera así?
- No te levantes. Es mejor que te mantengas
tumbada en la cama.
“¿Cama? ¿Qué cama” Echó un vistazo de nuevo a su
alrededor. Ahora sí que podía verlo todo. La cama donde estaba tumbada, la mesa
y la silla azul de escritorio con aquellas ruedas que siempre encontraban algo
en su camino a la hora de moverse, las estanterías con infinitos libros en
ellas… Aquello le resultaba extrañamente familiar, como que se lo encontraba
todas las mañanas al abrir sus ojos.
- ¿Mi habitación? ¿Qué hago aquí? ¿Qué ha pasado?
¿Qué haces tú en mi casa?
- Tranquila, no te alteres.
- ¿Qué no me altere? Has entrado en mi casa sin
tener las llaves, no te conozco de nada y estás en mi habitación, no me has
dicho ni tu nombre ni cómo me conoces. ¿Y aún así me dices que no me altere?-
dijo Nicole mientras se incorporaba en la cama, dejando sus pies colgando al
borde de la cama.
- Supongo que te debo una explicación.
- Es lo mínimo, ¿no crees?- dijo cruzando las
piernas.
- He de suponer que tu primera pregunta será
quién soy, ¿me equivoco?
- Esa es una de mis preguntas, pero sí.
- Es largo y difícil de explicar.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Nicole.
- Daniel- sus ojos castaños la miraron fijamente.
- ¿Por qué me conoces?
- Eso es fácil. Digamos que te conocemos desde
hace bastante tiempo- dijo cruzando las piernas. Se había sentado apoyando la
espalda en la cama, quedándose al lado de Nicole.
- ¿Tú y quiénes?
- ¿Alguna vez te has preguntado si hay algo más
allá a fuera?- dijo pasándose la mano por su pelo negro. Le caía liso, rebelde,
y le tapaba parcialmente los ojos mientras giraba la cabeza para poder verla,
esperando su respuesta.
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