Horas más tarde, tras saber lo sucedido, las legiones de
ángeles se armaban para una guerra inminente, más para defenderse que para
atacar, pues sabían, desgraciadamente, que el primer paso lo darían ellos. Así
fue.
Lilith, que seguía con la espada entre sus manos, observaba
desde lo alto el panorama que ella había creado.
Girando la cabeza, pudo ver a Ipos, el que pudo ver su
nacimiento hace unas horas, y la invadió una ira y una sed de venganza tan
profunda, que ningún corazón hubiera podido soportar.
- Azanael, mírate. Antaño, incluso yo te respetaba. Eres
patético. Pusiste tus esperanzas en ella, y así te lo ha devuelto: creando esta
guerra.
- Ella solo fue una excusa para que vosotros pudierais
atacarnos.
- Por supuesto. Esperábamos por estos durante milenios. Y
ahora que la tenemos a ella, vuestro futuro, vuestro presente y pasado, todo,
acabará aquí- dijo Ipos, levantando su espada.
Sin fuerzas para luchar por una causa perdida, Azanael se
dejó morir, esperando su hora. Cerró los ojos y esperó. De repente, los volvió
a abrir. No era el dolor el causante, sino una gran salpicadura de sangre que
le manchó todo el costado. Miró enfrente suya, y se encontró a Lilith, con ojos
que mostraban un odio más profundo que cualquiera, con su espada clavada en el
costado de Ipos.
- Tú… Podrías tenerlo todo, este mundo, el cielo e incluso
el infierno. Lo has echado todo a perder por intentar salvar a este
desgraciado…
Herido, consiguió abrir sus alas y alzar el vuelo aún con la
propia espada de Lilith clavada en su vientre. Contemplando aún atónito cómo se
alejaba por el horizonte, Azanael bajó su cabeza, rendido.
-Tú, ya no eres como nosotros. Eres una de ellos.
- Lo sé, pero debe de haber algo que podamos hacer para que cese la guerra.
La mente de Azanael no fue la que descubrió la salida, sino
una enseñanza de su antiguo maestro.
-Puede haber una solución, pero nunca nadie la ha probado.
- ¿En qué consite?- preguntó Lilith.
- Tú, que has iniciado esto, también será capaz de pararlo.
- Si pudiera pararlo, lo hubiera hecho ya, Azanael.
- No. Sí que puedes.
- ¿Cómo?
- Hay un templo, cerca de aquí, con un altar a Él. Si te sumes en un sueño profundo, todo acabará.
- ¿Y qué hay de malo en eso?
- ¿No lo entiendes verdad? Dejarás tu cuerpo. La balanza quedará relevada y se concederán a los humanos. Serán los que decidan el destino del mundo.
- ¿Y qué pasará con nosotros?- preguntó ella.
- Nadie lo sabe. Pero es un precio que debemos pagar.
Lilith, se quedó pensativa. Dejar que transcurra la guerra,
supondría décadas de lucha, y los humanos no podrían sobrevivir a ella. No
tenía elección.
- ¿Estás segura?
- No hay otra opción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario