viernes, 9 de marzo de 2012

1. EL COMIENZO


Nicole recorría la calle a una velocidad que algunos hasta podrían considerar sobrehumana. Agradecía todas esas horas que su entrenador personal le obligaba a correr alrededor del campo porque ahora estaban dando su fruto.

Los pulmones le ardían, pero no podía dejar de correr, podría alcanzarla y ese sería su fin. Nadie podría imaginarse que la chica que corría velozmente por la calle estaba siendo perseguida por un ser que ni los humanos podrían visualizar. Un ser de otro planeta, mitológico, uno creado por la propia mente de la persona que lo estaba viendo en ese momento… Los humanos tenían la característica propia de inventarse cualquier razón y teoría para quedarse más tranquilos, sus mentes no podían asimilar aquellos conceptos que les llevaban a pensar en esa criatura como sobrenatural.

Sin embargo, sobrenatural o no, la estaba persiguiendo y era lo suficientemente intuitiva para saber que en cuanto la alcanzase, sería su fin. Pero ¿cómo podría una simple estudiante luchar con ese ser? Ella no tenía ningún poder, nada que la hiciera sobresalir por encima de los demás, salvo su rapidez claro; y eso era lo que estaba haciendo en ese momento, aprovechar el duro entrenamiento para intentar cansar al monstruo. Pero apenas podía seguir respirando por lo que dio media vuelta esperando su triste destino. Cuando el monstruo se abalanzó sobre ella, espada en mano… ¡RING!... “¿No debería sonar como…?

-¡NICOLE!

Se sobresaltó, tanto que casi se cayó de la cama. Lo primero que hizo fue mirar a su alrededor, sí, sin duda era su habitación pero fue tan real. De nuevo, la voz de su madre la sacó de su ensoñación.

-Nicole, vas a llegar tarde
- ¿Tarde a qué?
- ¿A qué va ser? Al colegio. Pero veo que sigues teniendo esa pesadilla por lo que veo.
-Sí ya no me deja ni dormir- y como para enfatizarlo aún más, un sonoro bostezo se oyó por toda la habitación.
-No hay más remedio, cariño. Sabes que tienes que ir al colegio. Bueno, ven a desayunar que sino el tiempo se te va a echar encima.
-Vale- dijo con desgana-me visto y bajo.


 
Con pereza, se dispuso a vestirse el uniforme como cualquier otra mañana en un día de instituto. Se ajustó bien las medias y fue hacia la cocina. Su madre apenas estaba el tiempo suficiente en casa como para hablar con ella, por las mañanas la despertaba y se iba. Su padre trabajaba durante la noche hasta bien entrada la madrugada así que apenas tenía tiempo de hablar con ellos.

A pesar del silencio tan habitual en la mañana, hoy no iba a ser un día cualquiera para Nicole, tenía un examen muy importante y lo tenía que aprobar como fuera. Llevaba estudiando durante mucho tiempo y tenía muy bien aprendidos los conceptos, pero no podía evitar estar nerviosa. Siempre la habían considerado como una persona inteligente y de gran potencial pero ella se describía a sí misma como una chica adolescente normal, quitando los extraños sueños que llevaba teniendo desde que tenía uso de razón. Nunca lograba recordarlos, pero había uno que se repetía con frecuencia y era el más real comparándolo con los otros. Al principio, le preocupaba que fueran tan habituales y raros en comparación a lo que suelen soñar los niños pero al pasar el tiempo, ya no les daba tanta importancia, para ella seguían siendo sueños al fin y al cabo; pero últimamente se repetía con frecuencia, lo que le preocupaba.

Terminó de desayunar, cogió su mochila y se fue al colegio. La mañana transcurrió con normalidad exceptuando el nuevo trabajo que le habían mandado: buscar información de lo ocurrido en el mismo día de su nacimiento. No le encontraba sentido a este trabajo pero no le quedaba más remedio que hacerlo, habían castigado a toda su clase en uno de los numerosos desvaríos y pérdidas de control de su profesor de Lengua. Y llegó la hora del examen, no fue muy complicado aunque como siempre, había preguntas de un nivel considerablemente alto incluso para Nicole, pero a pesar de ello, las hizo sin dificultad.

- ¿Qué has contestado a la tercera pregunta?

Nicole reconocería esa vocecilla tan suave en cualquier parte. Se trataba de Dana. Tan parecidas y a la vez tan diferentes. Dana era dulce y con una sonrisa encantadora pero a su vez, enérgica y con ganas de comerse el mundo, por lo que casi siempre era ella la primera en lanzarse a hacer cualquier cosa que tuviese la palabra interesante o difícil delante. Nicole en cambio, tenía un carácter fuerte y decidido, aprovechaba cualquier oportunidad que se le ponía por delante, por pequeña que fuera. Entre ellas existía como una conexión en la que no necesitaban palabras para comunicarse, eran capaces de ver qué estaba pensando la otra con tan solo una mirada.

-Perdona ¿qué me decías?
-Que qué has contestado a la tercera pregunta dormilona.
-¡Ah! ¿Te refieres a lo de Al-Andalus?
-Esa misma era la respuesta. Porque lo es, ¿no?- preguntó con apremio Dana.
-Sí, sí tranquila.
 -Uf, menos mal, no soportaría suspenderlo, mis padres me matarían…
 -Puedes estar tranquila, creo que por lo menos vivirás una semana, o lo que tarde en corregir el examen el profesor…
 -¡Serás capulla!- protestó Dana.
-¡Ja ja ja! Era broma. Si tú sabes que yo te quiero.
-Y me lo demuestras de esa forma…

Era el mismo juego de siempre. A Nicole le encantaba picar a Dana y ella aceptaba las bromas, pero también se las devolvía. Desde pequeñas, siempre habían tenido una relación especial y en los últimos años, Dana se ha ido convirtiendo en uno de sus mayores apoyos.

-Vives en tu mundo, ¿eh? Oye, tengo una idea, ¿por qué no salimos esta tarde con las chicas? Así te olvidarás por lo menos un rato de ese sueño.
-Sí, ¿por qué no? Me vendrá bien.
-¿A dónde te apetecería ir?- preguntó Dana.
-Pues no sé. Prefiero hablarlo con las chicas, a ver qué las apetece hacer.

Al salir de clase, se reunieron en el patio de abajo. Su colegio era bastante grande y tenía dos grandes patios con campos de baloncesto y de fútbol. Preferían ir al patio de abajo, les resultaba más tranquilo estar sin ningún tipo de distracción como la de las continuas vigilancias al balón para asegurarse de que no se saliera de su trayectoria y fuera a su cara en un intento de meterla en la portería. Todo ello, la recordaba cuando era pequeña, vivía en una especie de burbuja donde pocos han podido entrar y muchos menos, quedarse. Aunque al cabo de los años, la burbuja fue desapareciendo.

 

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