domingo, 18 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN 5


Las últimas palabras que susurró Miguel, pues así se llamaba, fueron más desconcertantes que cualquiera que hubo escuchado antes:

- Sabes que no todo está acabado, así que ¿por qué te rindes ahora? Vendrá un tiempo, en el que humanos y ángeles no podrán convivir en este mundo. ¿No lo ves? Aún no has despertado de tu sueño.
- No… ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?

Ipos, que no cesaba de mostrar una sonrisa victoriosa, sabía lo que ocurriría si ella rompía esa ley. Lo que estaba a punto de suceder…

- AAAAAAHHHHH- Lilith gritó. 

Algo, se estaba moviendo en su interior. Le recorría sus venas, lo podía “sentir” y lo que era aún peor, lo podía ver: era una serpentina figura lo que estaba bajo su piel. Se podían ver, incluso los surcos que hacía al recorrer su piel. Subió por su antebrazo a tiempo que los gritos de Lilith aumentaban. Llegó a su hombro, intentando sortear la, casi infinidad de huesos que encontraba a su paso. El fin de aquella “serpiente” no era hacerla daño, ni mucho menos, pretendía llegar a esa fuente de pureza. Los gritos de Lilith cesaron, dejó de sentir dolor, y su respiración, comenzó a volverse de nuevo regular. Todo había terminado.

- Pero qué- no le dio tiempo a terminar la frase, pues o que antes creía que era una especie de serpiente, salió de su pecho, vivaz, retorciéndose en el aire, al fin, libre. Se había convertido en una mancha oscura que no cesaba de salir de su pecho, y que comenzó a cubrirla casi por completo.

Los gritos cesaron en cuanto la mancha salió de su cuerpo. Siguió recorriendo su piel, y la mancha, se convirtió en una esfera que cubrió, al fin, el cuerpo de Lilith, como una pequeña esfera. La mancha, comenzó a volverse más y más oscura, hasta llegar a ser tan negra y oscura como el azabache. Toda la maldad de aquel lugar, todos los sentimientos negativos, se reunieron en aquella esfera, como pequeños hilos que intentaban escapar de esa esfera. Sin éxito, la esfera absorbía más y más de esa sustancia oscura, como un agujero negro que todo lo traga. Cuando todos eso hilos cesaron, la esfera se había convertido en opaca. Una esfera perfecta inquebrantable, o al menos, eso era lo que parecía, pues tenía la misma textura que el propio diamante. Parecía que todo estaba en calma, por fin. Hasta que, un piedra, minúscula, saltó de esa esfera. Una pequeña grieta se fue abriendo paso, haciéndose más y más grande a medida que recorría su superficie. Ipos, contempló la escena con cierta añoranza, al fin y al cabo, todos los que eran como él, habían pasado por ese proceso. Las grietas, que se habían diversificado, se concentraron en solo punto, haciendo estallar la esfera en mil pedazos, que salieron volando en todas las direcciones. Ipos tan solo se ocultó con su antebrazo, sabía que no podía dañarlo, al menos no gravemente, pero la ceguera nunca ha sido mala compañía para un demonio.

Tras la humareda, apareció  una figura, con dos alas a su espalda, aún más grandes e imponentes de lo que eran antes, pero esta vez, eran negras como la noche. Sus ojos, anteriormente de matices dorados, se habían vuelto del mismo color que sus alas. Unos ojos oscuros, hipnóticos, penetrantes, a los cuales ninguno ser vivo podría apartar su mirada de ellos Su piel, blanca como la nieve, tentaba al propio Ipos de tocarla. Al fin, libre, la nueva Lilith abrió sus alas y con un grito se alzó al cielo.

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