viernes, 9 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN CAP 1


-Oye Sharon, ¿y a ti a dónde te apetece ir esta tarde?- dijo Sofía, la más pequeña del grupo.
-Pues no tengo ni idea, tía. Tal vez al cine. Me parece que echan una peli de terror.
-Tú y tus pelis de terror, ¿eh? Si es que sois inseparables…- bromeó Sofía, la pequeña del grupo.

- En fin… ¿Dana, qué te apetece hacer a ti?
-¿Porqué no vamos a comer? He oído que hay un nuevo restaurante cerca de aquí. Podemos ir y ver que tal.
 -Sí ¿porqué no? Yo me apunto- dijo Nicole- ¿Y vosotras?
-No tengo otra cosa mejor que hacer aunque ya iré un día al cine. La peli sigue vigente… – respondió Sharon.
-Yo tenía que ir de compras con mi madre pero no creo que pase nada si me escaqueo un día. Ya se me ocurrirá algo que decirla-dijo Sofía.
-Mejor largarme unas horas de casa; mi hermano últimamente está insoportable, no hay quien lo aguante, en serio- dijo Eli, que a pesar de ser la mayor, no era precisamente la más responsable, siempre la habían considerado como la rebelde del grupo.
-Entonces, decidido. Vamos al restaurante ese- preguntó Nicole.
-¡Oye! Que no es un restaurante cualquiera, si hasta han contratado a un grupo de música- replicó Dana.

-Pues no pienso ir de etiqueta –protestó Eli.
-Yo tampoco- dijo Nicole- No creo que sea de ese tipo de restaurantes, ¿no? ¿Dana?
-Que yo sepa no.


La campana dio por finalizado el recreo. Subieron a sus aulas, y a Nicole y a Dana no les quedaba más remedio que aguantar una hora de Filosofía hablando de Platón, otra hora de Historia de España aún más aburrida que la clase anterior y una última clase de Inglés.

-¿Te has enterado de lo último que ha dicho el de Inglés?
-Perdona ¿qué?
-Que te han tirado tu mochila por la ventana- dijo Dana.
-Ah vale, bien-respondió Nicole.
-Vale. ¿Se puede saber qué te pasa hoy?
- ¿Qué me va a pasar?
 -Que estás a uvas, Nicole. Es por ese sueño, ¿no? No te deja dormir bien.
-Últimamente se repite mucho y esta noche, te lo juro, creía que era de verdad.
-¿Se lo has dicho a tus padres?-preguntó Dana. -Saben lo del sueño pero no que se repite tanto y tampoco voy a contarles todo.
-Ya, ya. Pues te prohíbo que pienses en eso ahora, que vamos a salir y lo peor que puedes hacer es seguir dándole vueltas a eso. Esta tarde me voy a encargar personalmente de que te olvides del sueño y te centres en tu batido de chocolate de siempre, y todo volverá a ser como antes, sin sueños, sin distracciones y sin chicos pervertidos por ahí.
-¡Ja ja ja! Ok, te tomo la palabra.


Pero, “¿cómo antes?”, pensó Nicole. Se podría decir que era una chica normal y corriente de diecisiete años, salvo por aquel sueño. Le era difícil recordar su infancia sin él, pensar en no tenerlo le resultaba casi imposible, era como el pan de cada día pero, a pesar de ello, siempre se había considerado una chica del montón, con una vida aburrida de estudiante y sin nada interesante en particular. Pero lo que Nicole no podría imaginarse es que el nuevo estudiante, al que no le habían prestado mucha atención, quitando esos ojos suyos de color miel tan hipnotizadores en los que se fijó Nicole, cambiaría su vida para siempre.

“Corinto” se llamaba el restaurante, y cuando entraron en él, todas pudieron ver lo acertada que estaba Dana: era un lugar acogedor, con mesas rectangulares de dos a seis sillas cada una; la luz era tenue, como para dar sensación de acogida y a la vez, como si fuera un lugar íntimo; los camareros, en su mayoría jóvenes estudiantes que trabajaban allí para sacar un dinero, recorrían sin parar el restaurante, tomando los pedidos de los clientes. La comida transcurrió con normalidad, y como había prometido Dana, las risas, bromas de sus amigas y su enorme y típico batido de chocolate, consiguieron que Nicole se olvidara de su sueño, aunque muchas veces, cuando creía que no iba a repetirse, el sueño volvía, pero cada vez con más nitidez que antes y aquello le preocupaba, tal vez demasiado porque sus distracciones quedaban reflejadas en unas notas un tanto mediocres y diversas llamadas de atención en clase.

Aunque ya habían terminado de comer, se quedaron un rato dentro del restaurante, hacía un frío típico del mes de Noviembre y preferían estar en un lugar calentito. Sofía, estaba tumbada con la cabeza apoyada en el regazo de Dana; a su derecha, Sharon y Nicole, en el respaldo junto con Eli.

-¿Desde cuándo te has convertido tú en una tragona de batidos de chocolate?-preguntó Eli a Nicole.
-Creo que aquí hay gato encerrado…-dijo Sharon con picardía.
-¿No será por el nuevo de tu clase, que te ha dejado sin palabras y para recuperar el aliento perdido te tomas una gran cantidad de batidos de dulce chocolate?-arremetió Sofía, acentuando exageradamente la palabra “dulce”.
-Eso lo dices por ti, ¿no? Que te he visto cómo le mirabas a la salida de clase -contraatacó Nicole, y como respuesta, tuvo un ligero rubor en las mejillas de Sofía
-Yo me he fijado más en sus ojos…dulce color miel…
-Y tan dulce, como tu chocolate-dijo riéndose Sharon y Eli, que no podía aguantar más, estalló en carcajadas seguidas por Sofía, Dana y por último, acabó uniéndose también Nicole.

Más risas, bromas y llegó la hora de irse. No eran ni las cinco de la tarde pero Nicole debía hacer el trabajo, al igual que Dana.

-Ya nos veremos mañana-dijo Eli.
-No pienses mucho en el nuevo, ¿eh Sofía?- la dijo Nicole.
-Déjalo ya ¿quieres?- dijo avergonzada.
-Pero si es la pura verdad…
-En fin…Nos vemos mañana-dijo Sharon con un movimiento de la mano.


Ya solas, Nicole y Dana se fueron, sus casas estaban a escasos cinco minutos y las gustaba ir juntas al colegio desde que eran unas niñas para ir hablando por el camino.

-¿Qué tenemos a primera hora?-preguntó Dana.
-Mm…Los viernes a primera hora, Arte, creo-respondió Nicole.
-Otro día sin profesor, ¿no? Rodrigo lleva faltando a clase más de una semana.
-Pero no es la primera vez-puntualizó Nicole-.Ningún profesor nos quiere decir qué es lo que le pasa, eso sí que es raro.
-Tal vez tenga algo grave o yo qué sé- dijo con un encogimiento de hombros.
-A saber. De todas maneras, falta un montón últimamente, pero es buen profesor.
-¿Verdad que sí? Me acuerdo de mi profesora en la ESO de mi otro colegio, bueno si se puede considerar profesora, esa sí que era mala explicando. Pero éste es diferente. Me gusta cómo da clase.
-Y su cuerpo también, ¿no?- bromeó Nicole.
-Claro. Y su cuerp…¡No!¡Pero qué dices!
-Que te he visto cómo le mirabas en las clases, sobretodo en Arte, como anda rondando por la clase, tienes mejores vistas que cuando nos da Diseño, ¿no? Como está sentado delante de ti…
- ¿Pero qué tonterías estás diciendo?- replicó Dana- ¡Yo nunca me fijaría en un profesor!
-Claro, si hablamos de un profesor normal, pero como este tiene toda la pinta de no serlo, así que estás salvada.
- Pero mira que eres pesadita, ¿eh?


Finalmente, llegaron a casa de Dana, y Nicole se despidió de ella. Aún recordaba la primera vez que fue a su casa: no era especialmente grande ya que solo vivían en ella Dana y su hermana, Helena, que tenía diez años más que ella y que trabajaba en un hospital como pediatra. Sus padres murieron en un accidente de coche cuando Dana apenas tenía diez años, por lo que su hermana tuvo que cuidar de ella; le resultó muy difícil compaginar estudios, trabajo a media jornada de camarera y los cuidados de la casa y de su hermana, sin embargo, consiguió acabar la carrera y encontrar un buen puesto; Dana no solía mostrar a menudo a sus sentimientos, al menos, no abiertamente, pero admiraba mucho a su hermana, nunca cambiaría su relación con ella, siempre fue su apoyo, tanto en los buenos momentos como en los malos. Muchas veces, Nicole pensó en cómo sería tener un hermano, era hija única pero envidiaba tener a una persona con tanta confianza como la que sentía Dana por su hermana.

Al cabo de cinco minutos caminando, llegó a su casa. Se quedó mirándola, sin saber muy bien por qué, pero algo la decía que algo iba mal, como un sexto sentido. Haciendo caso omiso a él, sacó sus llaves y entró en casa. No tenía ninguna gana de hacer el trabajo, su profesor al parecer se dedicaba a mandarles trabajos, pero este era diferente a los demás, tenían que buscar información relevante al año en el que nacieron. Al cabo de media hora, algo llamó la atención de Nicole: un extraño accidente de avión ocurrido el 2 de Junio de 1993. 2 de Junio de 1993... Esa fecha era muy familiar para Nicole, al fin y al cabo, ella nació en esa fecha. Pero lo que más la llamó la atención fue que los testigos oculares de la tragedia dijeron a la policía que divisaron sombras entre las llamas del avión, parecían de aspecto humano, pero ninguna persona podría haber soportado tal cantidad de humos en sus pulmones por lo que la policía concluyó en que fue fruto del shock producido por el accidente. Al parecer, el avión se estrelló en un bosque en los alrededores del aeropuerto; la caja negra no dio más información de la que ya sabían por lo que la investigación quedó archivada hasta que encontraran pruebas más concluyentes que explicaran lo ocurrido en tal desastre.

- Qué curioso. Esas sombras entre las llamas…¡No es posible!


Acababa de ver una foto de ellas. Pero no fue el que hubiera una foto del accidente lo que le sorprendió a Nicole, sino lo que había detrás de esas extrañas figuras. En una de figuras, tenía forma alargada y terminaban con extremos puntiagudos. Estaban colocadas a la altura de los hombros de lo que sería una persona de estatura media. Su parte superior no era una línea recta, sino más bien ondulada y parecía como si abarcase casi toda la figura. Con aquello que había visto solo podría significar otra cosa.




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