martes, 13 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN 4



Blandió la espada de su maestro ya muerto, y con lágrimas en los ojos, comenzó a lanzar estocadas. Tantos años de amistad, de compañerismo, reducidos a la nada.

- ¿Es todo lo que puedes hacer? Si eso fue todo lo que te enseñó Gabriel, entonces se merece haber muerto. Nadie puede batirme y salir victorioso, y menos tú.
- No sabes nada, Ipos, nada.
- Ja ja ja- rió. Había bajado la espada y ahora lo miraba, con ojos burlescos hacia Azanael- No sé nada ¿eh? Pero tu querido maestro ha muerto, y tú pronto lo también lo estarás. Todo ha acabado. La nueva raza no ha durado ni 2000 años. Lo que Él no vio es que nosotros teníamos a nuestra propia arma: yo.
- Tú no eres príncipe de nada.
- He hecho lo que nadie creía. Lilith, como la llamáis vosotros, es un ser neutral, divino, supuestamente. Yo, y solo yo, he conseguido hacer que crezca su semilla del mal, y ahora está con nosotros. Ni tú mismo podrás con ella.  Invencible, hermosa… Es perfecta.
- No…- no podía creerlo, se negaba a aceptarlo, pero sabía que era verdad. La balanza ya se había inclinado, y esta vez, no les favorecía a ellos.


Lilith, allá en lo alto de la colina, tenía sus poderosas alas, los que antaño eran blancas y puras como la nieve, extendidas, abarcando casi toda su figura. Su cuerpo, de curvas sensuales, mostraba una piel allá donde no se veía armadura. Piel fina, aunque, ya nada podría atravesarla, y ella lo sabía. Ese nuevo poder, le recorría por las venas, desde los dedos de los pies hasta la última pluma de sus alas. Su pelo ondeaba suelto a la brisa del aire, casi irrespirable para cualquier humano, pero no para cualquier ángel. Sus manos, se abrazaban a una espada aún virgen, todavía no había saboreado la sangre de un ángel, sin embargo, la de un humano sí. “Ese” humano, “su” humano. Fue tentada, y cayó en esa tentación, y como consecuencia, acabó atravesando su corazón. Ipos, el responsable del engaño, había tentado a Lilith. Ella, incapaz de amar, pero también incapaz de odiar, inclinó la balanza a favor de los humanos. Los ángeles acabaron enfermando, lo que llevó a los demonios a aprovechar esta ventaja para acabar con sus enemigos naturales. Culpable de ello, Ipos la propuso un trato, si ella acababa con ese humano, todo volvería a ser como antes. No matar a un humano: es era la máxima regla a cumplir, y Lilith acabó violándola. No tenía elección, al menos eso era lo que creía ella.

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