-Oye Sharon, ¿y a ti a dónde te apetece ir esta tarde?- dijo
Sofía, la más pequeña del grupo.
-Pues no tengo ni idea, tía. Tal vez al cine. Me parece que
echan una peli de terror.
-Tú y tus pelis de terror, ¿eh? Si es que sois inseparables…- bromeó Sofía, la
pequeña del grupo.
- En fin… ¿Dana, qué te apetece hacer a ti?
-¿Porqué no vamos a comer? He oído que hay un nuevo restaurante cerca de aquí.
Podemos ir y ver que tal.
-Sí ¿porqué no? Yo me
apunto- dijo Nicole- ¿Y vosotras?
-No tengo otra cosa mejor que hacer aunque ya iré un día al
cine. La peli sigue vigente… – respondió Sharon.
-Yo tenía que ir de compras con mi madre pero no creo que
pase nada si me escaqueo un día. Ya se me ocurrirá algo que decirla-dijo Sofía.
-Mejor largarme unas horas de casa; mi hermano últimamente está insoportable,
no hay quien lo aguante, en serio- dijo Eli, que a pesar de ser la mayor, no
era precisamente la más responsable, siempre la habían considerado como la
rebelde del grupo.
-Entonces, decidido. Vamos al restaurante ese- preguntó Nicole.
-¡Oye! Que no es un restaurante cualquiera, si hasta han contratado a un grupo
de música- replicó Dana.
-Pues no pienso ir de etiqueta –protestó Eli.
-Yo tampoco- dijo Nicole- No creo que sea de ese tipo de restaurantes, ¿no? ¿Dana?
-Que yo sepa no.
La campana dio por finalizado el recreo. Subieron a sus aulas, y a Nicole y a
Dana no les quedaba más remedio que aguantar una hora de Filosofía hablando de
Platón, otra hora de Historia de España aún más aburrida que la clase anterior
y una última clase de Inglés.
-¿Te has enterado de lo último que ha dicho el de Inglés?
-Perdona ¿qué?
-Que te han tirado tu mochila por la ventana- dijo Dana.
-Ah vale, bien-respondió Nicole.
-Vale. ¿Se puede saber qué te pasa hoy?
- ¿Qué me va a pasar?
-Que estás a uvas,
Nicole. Es por ese sueño, ¿no? No te deja dormir bien.
-Últimamente se repite mucho y esta noche, te lo juro, creía que era de verdad.
-¿Se lo has dicho a tus padres?-preguntó Dana. -Saben lo del
sueño pero no que se repite tanto y tampoco voy a contarles todo.
-Ya, ya. Pues te prohíbo que pienses en eso ahora, que vamos a salir y lo peor
que puedes hacer es seguir dándole vueltas a eso. Esta tarde me voy a encargar
personalmente de que te olvides del sueño y te centres en tu batido de
chocolate de siempre, y todo volverá a ser como antes, sin sueños, sin
distracciones y sin chicos pervertidos por ahí.
-¡Ja ja ja! Ok, te tomo la palabra.
Pero, “¿cómo antes?”, pensó Nicole. Se podría decir que era una chica normal y
corriente de diecisiete años, salvo por aquel sueño. Le era difícil recordar su
infancia sin él, pensar en no tenerlo le resultaba casi imposible, era como el
pan de cada día pero, a pesar de ello, siempre se había considerado una chica
del montón, con una vida aburrida de estudiante y sin nada interesante en
particular. Pero lo que Nicole no podría imaginarse es que el nuevo estudiante, al que no
le habían prestado mucha atención, quitando esos ojos suyos de color miel tan
hipnotizadores en los que se fijó Nicole, cambiaría su vida para siempre.
“Corinto” se llamaba el restaurante, y cuando entraron en
él, todas pudieron ver lo acertada que estaba Dana: era un lugar acogedor, con
mesas rectangulares de dos a seis sillas cada una; la luz era tenue, como para
dar sensación de acogida y a la vez, como si fuera un lugar íntimo; los
camareros, en su mayoría jóvenes estudiantes que trabajaban allí para sacar un
dinero, recorrían sin parar el restaurante, tomando los pedidos de los
clientes. La comida transcurrió con normalidad, y como había prometido Dana,
las risas, bromas de sus amigas y su enorme y típico batido de chocolate,
consiguieron que Nicole se olvidara de su sueño, aunque muchas veces, cuando
creía que no iba a repetirse, el sueño volvía, pero cada vez con más nitidez
que antes y aquello le preocupaba, tal vez demasiado porque sus distracciones
quedaban reflejadas en unas notas un tanto mediocres y diversas llamadas de atención
en clase.
Aunque ya habían terminado de comer, se quedaron un rato dentro del
restaurante, hacía un frío típico del mes de Noviembre y preferían estar en un
lugar calentito. Sofía, estaba tumbada con la cabeza apoyada en el regazo de
Dana; a su derecha, Sharon y Nicole, en el respaldo junto con Eli.
-¿Desde cuándo te has convertido tú en una tragona de
batidos de chocolate?-preguntó Eli a Nicole.
-Creo que aquí hay gato encerrado…-dijo Sharon con picardía.
-¿No será por el nuevo de tu clase, que te ha dejado sin
palabras y para recuperar el aliento perdido te tomas una gran cantidad de batidos
de dulce chocolate?-arremetió Sofía, acentuando exageradamente la palabra
“dulce”.
-Eso lo dices por ti, ¿no? Que te he visto cómo le mirabas a
la salida de clase -contraatacó Nicole, y como respuesta, tuvo un ligero rubor
en las mejillas de Sofía
-Yo me he fijado más en sus ojos…dulce color miel…
-Y tan dulce, como tu chocolate-dijo riéndose Sharon y Eli, que no podía
aguantar más, estalló en carcajadas seguidas por Sofía, Dana y por último, acabó uniéndose
también Nicole.
Más risas, bromas y llegó la hora de irse. No eran ni las cinco de la tarde
pero Nicole debía hacer el trabajo, al igual que Dana.
-Ya nos veremos mañana-dijo Eli.
-No pienses mucho en el nuevo, ¿eh Sofía?- la dijo Nicole.
-Déjalo ya ¿quieres?- dijo avergonzada.
-Pero si es la pura verdad…
-En fin…Nos vemos mañana-dijo Sharon con un movimiento de la
mano.
Ya solas, Nicole y Dana se fueron, sus casas estaban a escasos cinco minutos y
las gustaba ir juntas al colegio desde que eran unas niñas para ir hablando por
el camino.
-¿Qué tenemos a primera hora?-preguntó Dana.
-Mm…Los viernes a primera hora, Arte, creo-respondió Nicole.
-Otro día sin profesor, ¿no? Rodrigo lleva faltando a clase más de una semana.
-Pero no es la primera vez-puntualizó Nicole-.Ningún profesor nos quiere decir
qué es lo que le pasa, eso sí que es raro.
-Tal vez tenga algo grave o yo qué sé- dijo con un encogimiento de hombros.
-A saber. De todas maneras, falta un montón últimamente, pero es buen profesor.
-¿Verdad que sí? Me acuerdo de mi profesora en la ESO de mi otro colegio, bueno
si se puede considerar profesora, esa sí que era mala explicando. Pero éste es
diferente. Me gusta cómo da clase.
-Y su cuerpo también, ¿no?- bromeó Nicole.
-Claro. Y su cuerp…¡No!¡Pero qué dices!
-Que te he visto cómo le mirabas en las clases, sobretodo en Arte, como
anda rondando por la clase, tienes mejores vistas que cuando nos da Diseño,
¿no? Como está sentado delante de ti…
- ¿Pero qué tonterías estás diciendo?- replicó Dana- ¡Yo nunca me fijaría en un
profesor!
-Claro, si hablamos de un profesor normal, pero como este
tiene toda la pinta de no serlo, así que estás salvada.
- Pero mira que eres pesadita, ¿eh?
Finalmente, llegaron a casa de Dana, y Nicole se despidió de
ella. Aún recordaba la primera vez que fue a su casa: no era especialmente
grande ya que solo vivían en ella Dana y su hermana, Helena, que tenía diez
años más que ella y que trabajaba en un hospital como pediatra. Sus padres
murieron en un accidente de coche cuando Dana apenas tenía diez años, por lo
que su hermana tuvo que cuidar de ella; le resultó muy difícil compaginar
estudios, trabajo a media jornada de camarera y los cuidados de la casa y de su
hermana, sin embargo, consiguió acabar la carrera y encontrar un buen puesto;
Dana no solía mostrar a menudo a sus sentimientos, al menos, no abiertamente,
pero admiraba mucho a su hermana, nunca cambiaría su relación con ella, siempre
fue su apoyo, tanto en los buenos momentos como en los malos. Muchas veces,
Nicole pensó en cómo sería tener un hermano, era hija única pero envidiaba
tener a una persona con tanta confianza como la que sentía Dana por su hermana.
Al cabo de cinco minutos caminando, llegó a su casa. Se quedó
mirándola, sin saber muy bien por qué, pero algo la decía que algo iba mal,
como un sexto sentido. Haciendo caso omiso a él, sacó sus llaves y entró en
casa. No tenía ninguna gana de hacer el trabajo, su profesor al parecer se
dedicaba a mandarles trabajos, pero este era diferente a los demás, tenían que
buscar información relevante al año en el que nacieron. Al cabo de media hora,
algo llamó la atención de Nicole: un extraño accidente de avión ocurrido el 2
de Junio de 1993. 2 de Junio de 1993... Esa fecha era muy familiar para Nicole,
al fin y al cabo, ella nació en esa fecha. Pero lo que más la llamó la atención
fue que los testigos oculares de la tragedia dijeron a la policía que divisaron
sombras entre las llamas del avión, parecían de aspecto humano, pero ninguna
persona podría haber soportado tal cantidad de humos en sus pulmones por lo que
la policía concluyó en que fue fruto del shock producido por el accidente. Al
parecer, el avión se estrelló en un bosque en los alrededores del aeropuerto;
la caja negra no dio más información de la que ya sabían por lo que la
investigación quedó archivada hasta que encontraran pruebas más concluyentes
que explicaran lo ocurrido en tal desastre.
- Qué curioso. Esas sombras entre las llamas…¡No es posible!
Acababa de ver una foto de ellas. Pero no fue el que hubiera
una foto del accidente lo que le sorprendió a Nicole, sino lo que había detrás
de esas extrañas figuras. En una de figuras, tenía forma alargada y terminaban con extremos
puntiagudos. Estaban colocadas a la altura de los hombros de lo que sería una
persona de estatura media. Su parte superior no era una línea recta, sino más bien
ondulada y parecía como si abarcase casi toda la figura. Con aquello que había visto solo podría significar
otra cosa.