miércoles, 29 de agosto de 2012

CONTINUACIÓN 5 CAP 2

Parecía un callejón sin salida, con paredes de desgastado ladrillo. La oscuridad, lo más predominante de ese lugar, era vencida por unos pocos rayos que dejaban ver las farolas de la calle vecina. Nicole se encontraba a unos metros de una figura, borrosa. Quiso acercarse más pero, para su sorpresa, sin haber movido si quiera el pie, se encontraba cara a cara con aquel que vestía una túnica negra hace apenas unas horas.
- Ja ja ja. Ya está hecho.
No fue esa voz lo que más le sorprendió a Nicole, sino que se encontraba entre aquel ser de la túnica y dos personas que, no eran ni más ni menos, que su “protector” Daniel y ella misma. Este se encontraba a pocos pasos de Nicole, con los ojos completamente en blanco y con la espada aún desenvainada, que parecía peligrosamente a punto de caer sobre el frío suelo. Se vio a si misma girando la cabeza sin parar, buscando a su agresor, al parecer, sin éxito. De nuevo, se movió gracias a su pensamiento y se colocó justo enfrente de Daniel. Intentó tocarle la cara para hacerle reaccionar. Sus dedos traspasaron su piel una y otra vez, sin el resultado esperado. Al parecer no podía tocar nada en su “estado”. Al ver esto, se limitó a esperar y observar lo que estaba a punto de suceder.
Urbel, que apareció entre las sombras, se encontraba en ese momento, detrás de la “antigua” Nicole, que con el rostro parcialmente cubierto, dejaba caer su larga cabellera.
- Vas a venir conmigo Nicole. Tranquila, no vamos a hacerte ningún daño.- Le susurró al oído- Pero Daniel... No creo que tenga tanta suerte. Tal vez lo torturen hasta que nuestro amo Ipos se canse de él.
Nicole, levantó la cabeza, lentamente, con tranquilidad, sin temer ni por su vida ni por la de su recién y nuevo amigo. Los mechones de su pelo caían por todas partes, sin ningún tipo de orden, salvajes, alocados. Y giró la cabeza.
- ¿Vas a venir conmigo pues? Buena chica. Tal vez no sean tan duros con tu amigo, aunque su destino está seguro a pesar de todo- dijo cogiéndole de la muñeca.
- Date prisa, Urbel- exigió su compañero que se encontraba en ese momento a su lado- Ipos no es conocido por tener mucha paciencia.
- No te atrevas a mandarme a mí, Marizal. Recuerda que no eres nada sin mí, ¿me oyes? Nada.
- Lo que tú digas. Cógela y vámonos.
Aún con la mano en su muñeca, Urbel se dispuso a caminar, pero Nicole no se movió del sitio.
- ¿No me has oído? ¡Muévete!- exclamó cada vez más impacientado.
- Una cría que hace perder la paciencia al gran Urbel. No se qué vio en ti Ipos para nombrarte Superior. ¿No eres capaz ni de moverla un centímetro?
-  Te repito: ¡no vuelvas a hablarme en ese tono! ¡Y no olvides quién es ella!
 
- Claro que no lo olvido. La llevamos buscando desde hace dos milenios, ¿cómo voy a olvidarme?
 
- Bien, marchémonos de una vez-dijo apretando de nuevo su mano, pero en lugar de la piel de Nicole, solo notó el tacto de su propia piel.
Marizal, que tampoco que había percatado de lo ocurrido, giró la cabeza en busca de Nicole.
- ¿Dónde está?- preguntó en un tono considerablemente alto.
- Como si yo lo supiera- respondió Marizal.
- Es curioso. Ipos se acuerda aún de mí. Eso me halaga.
Ambos giraron la cabeza a donde escucharon la voz. Era la de Nicole, pero con un timbre diferente, como más…oscuro. Se encontraba apoyada en una de las paredes del callejón. Lo único que se veía de ella, era parcialmente su cara. Dos ojos negros como el azabache miraban fijamente a Urbel y a Marizal.

viernes, 13 de julio de 2012

CONTINUACIÓN 4 CAP 2


- ¿Allá a fuera? ¿A qué te refieres con eso?- preguntó Nicole.
- Los humanos no estáis tan solos como creéis- dijo apoyando de nuevo su cabeza en la cama.- Todas esas invenciones… gnomos, hadas, sirenas… Todas esas criaturas han sido creadas por vosotros para que podáis sentiros parte de un todo mágico, para sentiros más grandes de lo que sois. Son solo eso, invenciones. Pero hay criaturas, mucho más espeluznantes y sobretodo reales, como tú y como yo allá a fuera. No fuimos creados para serviros sino para mantener el equilibrio entre el bien, con lo que nos representáis los humanos, y el mal seguido según vosotros, por los demonios.
- ¿Quieres decir que los demonios existen? – preguntó Nicole.
- ¿Crees que los ángeles existen?
- Sí, bueno. Nos han hablado de ellos en el colegio.
- Pues si crees que existen, ¿qué te hace pensar que no existe el opuesto?
- A ver si lo he entendido- dijo poniéndose en pie y girando su cuerpo para poder verle apropiadamente- ¿Me estás diciendo que los ángeles y los demonios existen? ¿Me estás tomando el pelo?
- ¿Qué te hace pensar que estoy bromeando?
- Esto es un poco surrealista- se pasó la mano por el pelo dejando varios mechones de negro azabache despeinados.

¿Ángeles? ¿Demonios? Nunca se había parado a pensar sobre ello, tenía más cosas importantes de las cuales preocuparse.

- Por cierto, ¿cómo va ese sueño tuyo?- preguntó Daniel.
- Ah, bueno volví a soñar hace… Espera. ¿Cómo sabes tú eso?
- Ya te lo he dicho. Sabemos más sobre ti de lo que crees.
- No me digas que tú eres uno de esos ángeles.
- Básicamente, sí- dijo levantándose, como si quisiera reafirmar lo dicho.
- Vale, esto ya no es normal. Hay un loco en mi habitación (“¡en mi habitación!”) que dice que los ángeles y los demonios existen y que él es uno de ellos. Esto es surrealista.

Siguió paseándose por la habitación, aún sin poder creerse todo lo que el tal Daniel le había dicho. ¿Él un ángel?  Siempre había oído hablar de los ángeles en su colegio junto con todo eso del bien y del mal. Nunca pensó en que fuera algo real, no tangible al menos.

- Tú… ¿Un ángel?
- ¿Sigues sin creértelo?
- ¿Cómo quieres que lo haga? – se quedó mirando a Daniel mientras cruzaba los brazos.
- Entonces, lo mejor será que lo veas por ti misma- respondió mientras se pasaba la mano de nuevo por su pelo despeinado.

Antes de que pudiera preguntar nada, se vio rodeada de imágenes, todas juntas, sin ningún tipo de orden aparente. Algunas no eran ni tan siquiera nítidas, como si de manchas se trataran. De repente, se pararon, dejando ver un lugar que ya le resultaba conocido a Nicole.

jueves, 5 de julio de 2012

CONTINUACIÓN 3 CAPÍTULO 2


Lenta, muy lentamente, fue abriendo los ojos. Mientras se fue acostumbrando a la luz que parcialmente le rodeaba, logró atisbar una silueta  parecida a una silla y una mesa a su lado. Las imágenes se le amontonaban en la cabeza, desordenadas, caóticas, hasta el punto de necesitar cerrar los ojos para no marearse aún más de lo que estaba. Intentó moverse, ponerse de pie. Podía sentir todos y cada uno de los poros de su piel pero podía notar como si miles de agujas le atravesaran por todo el cuerpo. Con una mueca de dolor, se detuvo, y se tumbó de nuevo. La sangre se le acumulaba en la cara, debía estar roja.

- Al fin despiertas. ¿Cómo te encuentras?

Nicole se sobresaltó al sonido de su voz. Los recuerdos empezaron a volver de repente, los ojos de Urbel, esa sonrisa, su “protector”…  

- Tú…

Intentó levantarse, pero el dolor se lo impedía. ¿Qué ocurrió para que se sintiera así?

- No te levantes. Es mejor que te mantengas tumbada en la cama.

“¿Cama? ¿Qué cama” Echó un vistazo de nuevo a su alrededor. Ahora sí que podía verlo todo. La cama donde estaba tumbada, la mesa y la silla azul de escritorio con aquellas ruedas que siempre encontraban algo en su camino a la hora de moverse, las estanterías con infinitos libros en ellas… Aquello le resultaba extrañamente familiar, como que se lo encontraba todas las mañanas al abrir sus ojos.

- ¿Mi habitación? ¿Qué hago aquí? ¿Qué ha pasado? ¿Qué haces tú en mi casa?
- Tranquila, no te alteres.
- ¿Qué no me altere? Has entrado en mi casa sin tener las llaves, no te conozco de nada y estás en mi habitación, no me has dicho ni tu nombre ni cómo me conoces. ¿Y aún así me dices que no me altere?- dijo Nicole mientras se incorporaba en la cama, dejando sus pies colgando al borde de la cama.
- Supongo que te debo una explicación.
- Es lo mínimo, ¿no crees?- dijo cruzando las piernas.
- He de suponer que tu primera pregunta será quién soy, ¿me equivoco?
- Esa es una de mis preguntas, pero sí.
- Es largo y difícil de explicar.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Nicole.
- Daniel- sus ojos castaños la miraron fijamente.
- ¿Por qué me conoces?
- Eso es fácil. Digamos que te conocemos desde hace bastante tiempo- dijo cruzando las piernas. Se había sentado apoyando la espalda en la cama, quedándose al lado de Nicole.
- ¿Tú y quiénes?
- ¿Alguna vez te has preguntado si hay algo más allá a fuera?- dijo pasándose la mano por su pelo negro. Le caía liso, rebelde, y le tapaba parcialmente los ojos mientras giraba la cabeza para poder verla, esperando su respuesta.
  

miércoles, 30 de mayo de 2012

CONTINUACIÓN 2 CAPÍTULO 2


Con una sonrisa de placer en el rostro y con la compañía del filo de su espada, se fue acercando a Daniel, mientras tanto Urbel no cesaba de fijar sus oscuros ojos en ella.

- ¡Cómo voy a disfrutar de esto, Daniel! No se nos permite matarla pero no nos han dicho nada sobre ti. Así que, ¿por qué no jugamos un rato, mi querido amigo?- dijo Marizal.
- No seas estúpido. Les capturaremos a ambos, vivos ¿entendido? Tenemos que llevarles ante Ipos ¿o acaso se te ha olvidado Marizal?- dijo Urbel.
- No, no se me ha olvidado. Les llevaremos ante él, pero no creo que ocurra nada si tiene varios arañazos ¿no te parece?
- Haz lo que quieras, pero no seré yo quien reciba un castigo.

De nuevo, siguió avanzando hacia el supuesto protector de Nicole, que seguía ahí de pie, inmutable y sin ningún tipo de expresión en su rostro. Aburrido de haber tenido que esperar tanto, Marizal lanzó la primera estocada, rápida y certera, directa hacia sus piernas, con ellas heridas sería mucho más difícil huir. Pero fue vacío lo que atravesó. Sorprendido, volvió a alzar la espada dejándola caer hacia Daniel. Y de nuevo, no estaba ahí. Siguió lanzando estocadas, cada vez más enfadado. Pasaron los minutos y Daniel seguía con la piel intacta.

- Eres un estúpido, Marizal. Sigues siendo un estúpido después de tanto tiempo.

Urbel, resoplando del cansancio, se incorporó con la espalda recta y le miró con ojos desafiantes. Pero Marizal ya se encontraba ahí. Su acompañante, ahora sí que había desenvainado una espada, la cual ni la misma Nicole sabía que guardaba, también buscaba con la mirada al desaparecido. Giraba la cabeza de un lado a otro cada vez más asustada, mientras buscaba al agresor sin ningún resultado. La sangre le hervía, no paraba de respirar entrecortadamente. Sus pulsaciones iban tan deprisa que podía escuchar a su propio corazón, que cada vez le latía con más y más fuerza. Tenía la sensación de que se podría desmayar en cualquier momento pero el miedo era el que hacía que todos sus sentidos estuvieran agudizados de esa manera. Su acompañante, que no se había separado de ella en ningún momento, le había dado la mano, con la otra aún sujetando la espada. Flexionando las piernas se preparaba para el repentino ataque, cuando de repente, dejó de apretarle la mano. Nicole, giró la cabeza, lentamente. Seguía ahí, pero completamente rígido. Los ojos de Daniel, sin vida, estaban completamente blancos, sin pupilas, como mirando sin ver. Una risa rompió el silencio, sobresaltando a Nicole.

 - Ja ja ja. Ya está hecho.

La sonrisa de Urbel fue lo último que vi.

sábado, 21 de abril de 2012

CONTINUACIÓN 1 CAP 2


Las horas pasaron con tranquilidad. A pesar de que Rodrigo faltó a clase de nuevo, no fue nadie a sustituirle, lo que extrañó a Nicole y Dana. El colegio era muy estricto en cuanto a normas se referiría, más con los alumnos, pero sobretodo, con los profesores y sus ausencias injustificadas.

Tras otras dos largas horas en un día soleado, terminaron las clases. Nicole y Dana, como de costumbre, se marcharon juntas a casa.

- Aún no me puedo creer que te hayas vuelto a dormir en clase- protestó su amiga.
- Lo siento- se disculpó.- Cerré los ojos un momento. No pensé que me fuera a dormir. Y menos, en mitad de una clase.
- ¿Eres de lo que no hay eh?- dijo revolviéndole el pelo de nuevo- Bueno, me voy a casa que ya es hora. Debería de ponerme a terminar el trabajo del otro día.
- ¿El del suceso ocurrido en el mismo año de tu nacimiento?
- Ese- contestó Dana- ¿Tú has encontrado algo?
- La verdad es que sí. Ya te contaré, porque me quedé a cuadros cuando lo vi.
- Vaya, ahora me dejas con la intriga.
- Ja ja ja. Ya te lo contaré, no te preocupes.
- Mmm… Bueno. Será mejor que me vaya ya entonces. Te veo mañana- dijo alzando la mano.
- Claro. Si sucede algo te mando un Whatsaap.
- ¿Qué puede suceder? Además, estaré trabajando probablemente y ni me enteraré de tu whatsaap. Así que, casi mejor no me lo mandes.
- Vale, no te lo mando entonces. Hasta mañana- y con un gesto de despedida, se fue.

El Sol, ahora en su cenit, informaba de que había llegado el mediodía. Nicole, miró al cielo. Se tuvo que tapar con una mano para que no le cegaran los rayos. Ni una sola nube. Bajó de nuevo la cabeza y la giró hacia una esquina de la calle. Le pareció ver…Imposible. En el recreo, no llegó a ver nada, así que supuso, que era producto de su imaginación. Pero en ese momento, podía verlo perfectamente. No era una sombra, no. Era una persona, vestida con ropajes extraños, como si de otra época se tratase. Vestía una gabardina larga, negra como la noche, que conjuntaba con el resto de su ropa, también negra. No podía ver su cara, pero se aventuró a pensar por el corte de pelo, que era un chico. Tan absorta estaba observando a ese ser, que ni se dio cuenta de que había llegado a parar a un callejón oscuro. ¿Cómo había llegado hasta ahí? De todas maneras, llegaba tarde a casa, así que dejó de dar vueltas en su cabeza a lo sucedido cuando…

- Buenos días, Nicole.

El mismo que estaba hace un segundo al otro lado de la calle, ahora estaba a su lado.

- Perdona, ¿te conozco? ¿Cómo sabes mi nombre?
- Si te lo dijera, no me creerías.
- Emm… Perdona, tengo prisa- dijo, pero antes de que pudiera dar apenas dos pasos, él la interceptó, interponiéndose, de manera que tendría que sortearlo para poder salir del callejón.
- Lo siento, Nicole, pero no puedo dejarte marchar- dijo agarrándola. Su piel, ahora en contacto con la suya, le produjo un cosquilleo. Se extrañó, no era una reacción propia de alguien que estaba siendo asaltada por un completo extraño.  Su mano había atrapado a su muñeca y la apretaba. Mucho. Estaban tan cerca que, casi podía sentir su respiración, agitada para su sorpresa, como si él estuviera más nervioso que ella misma. Le iba a preguntar que qué era lo que quería de ella cuando una risa se escuchó, tan cerca, que Nicole se sobresaltó.

- Vaya, vaya. ¿Qué tenemos por aquí? Si es nuestra querida Nicole. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Dos mil, tres mil años?

Aquel que había pronunciado esas palabras hace un momento, se dejó ver en el callejón. “Otro loco” pensó Nicole. Vestía únicamente, una túnica negra y un pantalón del mismo color, dejando su pecho al descubierto, dejando ver tantas cicatrices, que resultaban casi imposibles de contar. Parecía de la misma edad que Nicole, más alto que ella, y con el pelo cobrizo. Dejaba ver una complexión atlética en sus fuertes brazos, que parecía que exhibía con orgullo. Pero lo que dejó atónita a Nicole, es que, ninguna persona, llevaría por la calle una espada.

- Urbel. ¿Qué haces aquí? – dijo a la vez que puso a Nicole detrás de su espalda, tratando de protegerla.
- Lo mismo que has venido a hacer tú, por lo que veo-respondió con sarcasmo.
- ¿Por qué Ipos sigue insistiendo?
- Nuestro amo tiene grandes planes para ella.
- Marchaos de aquí. Ella no os pertenece.
- ¿Y desde cuándo te pertenece a ti, Daniel?- preguntó otro.
- Desde que es mi obligación protegerla.
- ¿Protegerla? ¿A ella? No me hagas reír. Ella podría acabar contigo antes de que te diera tiempo siquiera a parpadear.
- Se acabó la charla, Marizal. Vamos a por ella- y, desenvainando la espada, se abalanzó.

martes, 17 de abril de 2012

2. EL DESPERTAR.


Bostezos. Resoplidos de cansancio. Hojas de libros. El sonido de una tiza al rozar la pizarra… Y una respiración profunda, tranquila,  resonaba en una clase. Un día cualquiera de colegio. Dana sabe que, la persona a la que está tapando con su cuerpo, duerme plácidamente detrás de ella. La voz del profesor, la sobresaltó.

- Siguiendo con la clase anterior, continuaremos por el punto cinco. Nicole, ¿puedes leer, por favor?

El profesor, sentado en su mesa, esperaba la lectura de su alumna. La única respuesta que consiguió fue la brisa del viento escuchada a través de la ventana de la clase. Dana, dándose la vuelta, zarandeó a Nicole una, otra vez, hasta conseguir despertarla.

- ¿Cómo se te ocurre dormirte en clase? Primer párrafo del punto cinco. Lee- la replicó entre susurros.
- ¿Ocurre algo Dana?
- Nada nada- respondió, colocando su espalda en la silla de nuevo.
- Seguimos pues. ¿Nicole?

La hora transcurrió con normalidad entre las risas de los compañeros, al ver de nuevo, que su compañera viajaba en el país de los sueños. Llegó el recreo y bajaron al patio, donde se encontraron con el resto del grupo.

- Joder. Menudo coñazo la clase de hoy- se quejó Eli a la vez que se sentaba en el banco cruzando sus piernas. A la hora de sentarse, siempre se colocaba en una postura con la que llamaba la atención a más de uno, aunque ella no se percataba de las miradas que la echaban.

-¿No te quejes, eh? Historia siempre es peor que Inglés.
- Sí, pues Nicole se ha vuelto a dormir en clase, Sharon.
- ¿Qué dices? ¿Te han pillado otra vez?
- ¿Cuándo no la pillan?- contestó Dana- Esta vez la he tenido que salvar el culo yo.
- Lo siento. No te he dado las gracias.
- ¿Qué harías tú sin mí, eh, Nicole?- dijo, a la vez que le alborotaba el pelo.
- Poca cosa, creo yo- sonrió mientras se peinaba.

Las amigas siguieron hablando, riendo, insultando a algún que otro profesor incluso, pero no se percataron de que alguien en las sombras, fuera del recinto escolar, en una esquina y agachado, las observaba. En concreto, le interesaba más una de ellas. Pelo negro como la noche y con una altura un poco por encima de la media. La reconocería en cualquier parte. No importaban los años. Estuviera donde estuviera, la encontraría. Y, ahora que había dado con ella, no la iba a perder tan fácilmente. Tan rápido como se vino, se marchó del lugar. Llevar a cabo su plan, no sería nada fácil, pues ella tendría que ayudarle, pero aún no estaba preparada. No. Aún no era su hora.

jueves, 22 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN 6


Horas más tarde, tras saber lo sucedido, las legiones de ángeles se armaban para una guerra inminente, más para defenderse que para atacar, pues sabían, desgraciadamente, que el primer paso lo darían ellos. Así fue.

Lilith, que seguía con la espada entre sus manos, observaba desde lo alto el panorama que ella había creado.

- Tiene que haber una manera de para esto…Tiene que haberla- su voz, entre cortada, apenas se oía tras los estruendos de los truenos.

Girando la cabeza, pudo ver a Ipos, el que pudo ver su nacimiento hace unas horas, y la invadió una ira y una sed de venganza tan profunda, que ningún corazón hubiera podido soportar.

- Azanael, mírate. Antaño, incluso yo te respetaba. Eres patético. Pusiste tus esperanzas en ella, y así te lo ha devuelto: creando esta guerra.
- Ella solo fue una excusa para que vosotros pudierais atacarnos.
- Por supuesto. Esperábamos por estos durante milenios. Y ahora que la tenemos a ella, vuestro futuro, vuestro presente y pasado, todo, acabará aquí- dijo Ipos, levantando su espada.

Sin fuerzas para luchar por una causa perdida, Azanael se dejó morir, esperando su hora. Cerró los ojos y esperó. De repente, los volvió a abrir. No era el dolor el causante, sino una gran salpicadura de sangre que le manchó todo el costado. Miró enfrente suya, y se encontró a Lilith, con ojos que mostraban un odio más profundo que cualquiera, con su espada clavada en el costado de Ipos.

- Tú… Podrías tenerlo todo, este mundo, el cielo e incluso el infierno. Lo has echado todo a perder por intentar salvar a este desgraciado…

Herido, consiguió abrir sus alas y alzar el vuelo aún con la propia espada de Lilith clavada en su vientre. Contemplando aún atónito cómo se alejaba por el horizonte, Azanael bajó su cabeza, rendido.

- ¿Qué podemos hacer?- dijo Lilith al ver la reacción de Azanel.
-Tú, ya no eres como nosotros. Eres una de ellos.
- Lo sé, pero debe de haber algo que podamos hacer para que cese la guerra.

La mente de Azanael no fue la que descubrió la salida, sino una enseñanza de su antiguo maestro.
 
-Puede haber una solución, pero nunca nadie la ha probado.
- ¿En qué consite?- preguntó Lilith.
- Tú, que has iniciado esto, también será capaz de pararlo.
- Si pudiera pararlo, lo hubiera hecho ya, Azanael.
- No. Sí que puedes.
- ¿Cómo?
- Hay un templo, cerca de aquí, con un altar a Él. Si te sumes en un sueño profundo, todo acabará.
- ¿Y qué hay de malo en eso?
- ¿No lo entiendes verdad? Dejarás tu cuerpo. La balanza quedará relevada y se  concederán a los humanos. Serán los que decidan el destino del mundo.
- ¿Y qué pasará con nosotros?- preguntó ella.
- Nadie lo sabe. Pero es un precio que debemos pagar.

Lilith, se quedó pensativa. Dejar que transcurra la guerra, supondría décadas de lucha, y los humanos no podrían sobrevivir a ella. No tenía elección.

- Muy bien. Haré lo que dices. Condúceme a ese templo del que me has hablado. Voy a hacerlo.
- ¿Estás segura?
- No hay otra opción.

domingo, 18 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN 5


Las últimas palabras que susurró Miguel, pues así se llamaba, fueron más desconcertantes que cualquiera que hubo escuchado antes:

- Sabes que no todo está acabado, así que ¿por qué te rindes ahora? Vendrá un tiempo, en el que humanos y ángeles no podrán convivir en este mundo. ¿No lo ves? Aún no has despertado de tu sueño.
- No… ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?

Ipos, que no cesaba de mostrar una sonrisa victoriosa, sabía lo que ocurriría si ella rompía esa ley. Lo que estaba a punto de suceder…

- AAAAAAHHHHH- Lilith gritó. 

Algo, se estaba moviendo en su interior. Le recorría sus venas, lo podía “sentir” y lo que era aún peor, lo podía ver: era una serpentina figura lo que estaba bajo su piel. Se podían ver, incluso los surcos que hacía al recorrer su piel. Subió por su antebrazo a tiempo que los gritos de Lilith aumentaban. Llegó a su hombro, intentando sortear la, casi infinidad de huesos que encontraba a su paso. El fin de aquella “serpiente” no era hacerla daño, ni mucho menos, pretendía llegar a esa fuente de pureza. Los gritos de Lilith cesaron, dejó de sentir dolor, y su respiración, comenzó a volverse de nuevo regular. Todo había terminado.

- Pero qué- no le dio tiempo a terminar la frase, pues o que antes creía que era una especie de serpiente, salió de su pecho, vivaz, retorciéndose en el aire, al fin, libre. Se había convertido en una mancha oscura que no cesaba de salir de su pecho, y que comenzó a cubrirla casi por completo.

Los gritos cesaron en cuanto la mancha salió de su cuerpo. Siguió recorriendo su piel, y la mancha, se convirtió en una esfera que cubrió, al fin, el cuerpo de Lilith, como una pequeña esfera. La mancha, comenzó a volverse más y más oscura, hasta llegar a ser tan negra y oscura como el azabache. Toda la maldad de aquel lugar, todos los sentimientos negativos, se reunieron en aquella esfera, como pequeños hilos que intentaban escapar de esa esfera. Sin éxito, la esfera absorbía más y más de esa sustancia oscura, como un agujero negro que todo lo traga. Cuando todos eso hilos cesaron, la esfera se había convertido en opaca. Una esfera perfecta inquebrantable, o al menos, eso era lo que parecía, pues tenía la misma textura que el propio diamante. Parecía que todo estaba en calma, por fin. Hasta que, un piedra, minúscula, saltó de esa esfera. Una pequeña grieta se fue abriendo paso, haciéndose más y más grande a medida que recorría su superficie. Ipos, contempló la escena con cierta añoranza, al fin y al cabo, todos los que eran como él, habían pasado por ese proceso. Las grietas, que se habían diversificado, se concentraron en solo punto, haciendo estallar la esfera en mil pedazos, que salieron volando en todas las direcciones. Ipos tan solo se ocultó con su antebrazo, sabía que no podía dañarlo, al menos no gravemente, pero la ceguera nunca ha sido mala compañía para un demonio.

Tras la humareda, apareció  una figura, con dos alas a su espalda, aún más grandes e imponentes de lo que eran antes, pero esta vez, eran negras como la noche. Sus ojos, anteriormente de matices dorados, se habían vuelto del mismo color que sus alas. Unos ojos oscuros, hipnóticos, penetrantes, a los cuales ninguno ser vivo podría apartar su mirada de ellos Su piel, blanca como la nieve, tentaba al propio Ipos de tocarla. Al fin, libre, la nueva Lilith abrió sus alas y con un grito se alzó al cielo.

martes, 13 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN 4



Blandió la espada de su maestro ya muerto, y con lágrimas en los ojos, comenzó a lanzar estocadas. Tantos años de amistad, de compañerismo, reducidos a la nada.

- ¿Es todo lo que puedes hacer? Si eso fue todo lo que te enseñó Gabriel, entonces se merece haber muerto. Nadie puede batirme y salir victorioso, y menos tú.
- No sabes nada, Ipos, nada.
- Ja ja ja- rió. Había bajado la espada y ahora lo miraba, con ojos burlescos hacia Azanael- No sé nada ¿eh? Pero tu querido maestro ha muerto, y tú pronto lo también lo estarás. Todo ha acabado. La nueva raza no ha durado ni 2000 años. Lo que Él no vio es que nosotros teníamos a nuestra propia arma: yo.
- Tú no eres príncipe de nada.
- He hecho lo que nadie creía. Lilith, como la llamáis vosotros, es un ser neutral, divino, supuestamente. Yo, y solo yo, he conseguido hacer que crezca su semilla del mal, y ahora está con nosotros. Ni tú mismo podrás con ella.  Invencible, hermosa… Es perfecta.
- No…- no podía creerlo, se negaba a aceptarlo, pero sabía que era verdad. La balanza ya se había inclinado, y esta vez, no les favorecía a ellos.


Lilith, allá en lo alto de la colina, tenía sus poderosas alas, los que antaño eran blancas y puras como la nieve, extendidas, abarcando casi toda su figura. Su cuerpo, de curvas sensuales, mostraba una piel allá donde no se veía armadura. Piel fina, aunque, ya nada podría atravesarla, y ella lo sabía. Ese nuevo poder, le recorría por las venas, desde los dedos de los pies hasta la última pluma de sus alas. Su pelo ondeaba suelto a la brisa del aire, casi irrespirable para cualquier humano, pero no para cualquier ángel. Sus manos, se abrazaban a una espada aún virgen, todavía no había saboreado la sangre de un ángel, sin embargo, la de un humano sí. “Ese” humano, “su” humano. Fue tentada, y cayó en esa tentación, y como consecuencia, acabó atravesando su corazón. Ipos, el responsable del engaño, había tentado a Lilith. Ella, incapaz de amar, pero también incapaz de odiar, inclinó la balanza a favor de los humanos. Los ángeles acabaron enfermando, lo que llevó a los demonios a aprovechar esta ventaja para acabar con sus enemigos naturales. Culpable de ello, Ipos la propuso un trato, si ella acababa con ese humano, todo volvería a ser como antes. No matar a un humano: es era la máxima regla a cumplir, y Lilith acabó violándola. No tenía elección, al menos eso era lo que creía ella.

sábado, 10 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN 3


El cielo, teñido de rojo, lloraba la sangre de los combatientes, caídos en batalla. Los cuerpos, que yacían en el suelo, tenían los signos visibles de su asesinato, aún frescos, pues la batalla se seguía librando, tanto en cielo como en tierra. Enemigos o aliados. Luz y oscuridad. Bien y mal. La batalla entre dos bandos que se disputaban el inicio de una nueva era, de una nueva especie, de un nuevo comienzo.

Las espadas chocaban unas contra otras, buscando el punto débil del adversario, para poder alcanzar su meta en la fina pero casi inquebrantable, armadura  del enemigo, y poder hundirla, poder cubrirla con la sangre del contrario. Ese era el fin de una espada. El ruido de la batalla, era fácilmente apreciada ya que las trompetas sonaban sin parar, unas  pidiendo auxilio, otras para ahuyentar a los enemigos. Lo que sí que era verdad, era que nada hacia estremecer más a la tierra que la sangre de unas criaturas, anteriormente llamadas divinas y protegidas por toda la creación. Sus alas, en continuo movimiento, pretendían derribar, gracias a su envergadura, al que tenía más cercano a él.

Las plumas caían del cielo: negras o blancas, da igual. Había tantas que era imposible apreciar el color de cada una. Suavemente, se pasaron unas cuantas sobre un cuerpo que yacía al lado de uno de estos seres, combatiendo, con todas sus fuerzas, ante un ángel de alas negras, que no cesaba de asestarle, una  y otra vez, estacadas para bajar sus defensas.

- ¡AZANAEL, NO PODEMOS PERDER! ¿Me oyes? Tenemos que protegerla- gritó.

Un ángel de alas blancas, caídas, derrotadas, sin vida, sentado, sin importarle lo que ocurriría al bajar sus defensas respondió a su llamado.

- ¿Por qué? Está todo acabado. Lilith ha sido tentada, y ha caído bajo su influencia. No podemos hacer nada. Todo está perdido, todo está perdido…-sollozó.

Una espada centelleó en el aire, en dirección a Azanael. Toda su vida pasó por sus ojos. La sonrisa de Él al ver cómo esa nueva e inexperta raza humana crecía; la primera misión que realizó con éxito; su primera armadura…Todo, quedó reducido a la nada. Cerró los ojos, esperando lo inevitable. Dejó de luchar, se rindió a un fin que creía que nunca iba a llegar, y esperó. Y esperó. Pero el dolor de la espada rasgando su piel, no llegó. Miró hacia arriba. Lo que vio lo dejó sin palabras. Gabriel, herido de muerte por protegerle. La herida goteaba abundante sangre, que no cesaba de salir. Gabriel, su amigo y mentor, caído en batalla por protegerle…

- ¡NO!-dijo, y con un grito de rabia, se abalanzó contra el ángel de alas negras.

CONTINUACIÓN 2 CAP 1


- Esto son… ¿alas? No. Imposible- se dijo, a la vez que se acercaba al monitor de su ordenador para ver mejor la imagen.- ¿Nadie ha dicho nada?

Para su decepción, todas las conclusiones que pudo encontrar, todas las opiniones, todas las versiones que vio sobre el incidente, lo relacionaron a la poca visibilidad a causa del humo y a la conmoción de lo ocurrido, por lo que nadie había comentado nada acerca de esas “manchas en la espalda” de las sombras.

- Nicole.

“No puede ser. Te estás volviendo loca, Nicole. Olvídalo. Son imaginaciones tuyas. Ese accidente ocurrió el mismo día en que naciste por casualidad. Sí, eso es. Casualidad…”

- NICOLE.
- ¡Ah!- pegó un brinco del susto- ¡En seguida bajo mamá!

“Pero, si fue una simple casualidad ¿por qué sigo preocupada?” Se dijo mientras bajaba las escaleras, aún con el accidente metido en su cabeza.

- ¿Qué estabas haciendo Nicole? Siempre tenemos que esperar por ti para cenar- se quejó su padre.
- Estaba mirando una cosa en Internet ¿vale, papá? Era para un trabajo.
- Pero no tienes que hacer todos los días trabajos, ¿verdad?
- No, papá- dijo poniendo los ojos en blanco.
- Bien, pues a ver si para la próxima vez, te sientas a la vez que el resto de la familia.
- Descuida papá.

La familia de Nicole, como otra cualquiera, tenía sus discusiones y sus peleas. A decir verdad, los sueños de Nicole consiguieron unirla más a su madre. Cada vez se sentía más unida a ella, aunque lo relacionaba más el amor madre-hija. Con su padre, en cambio, no todo eran risas y complejidad, sino más bien lo contrario. Esta era, simplemente, una de las muchas discusiones que solía tener con él.

- Bueno cariño, ¿qué tal el día? ¿De qué va ese trabajo?- su madre tenía una manera sutil de zanjar las discusiones, mientras se llevaba el tenedor lleno de pasta a la boca.
- Pues ha ido como siempre mamá. El trabajo que nos han mandado hoy, trata de buscar algo que haya ocurrido el mismo año en el que hemos nacido.
- Vaya, suena interesante.
- Sí. ¿Sabes lo curioso? Encontré que un avión se estrelló cerca del bosque que hay en el aeropuerto, el 2 de Junio.
- Ese es el día de tu cumpleaños- comentó su padre.
- Muy agudo papá. Pero sí. Por eso me llamó la atención. ¿Vosotros sabéis algo de eso?
- Siempre ocurren cosas como esas cariño, es difícil acordarse de todas, y más, si hay que acordarse de una en concreto- respondió su madre.

Una vez acabada la cena, Nicole subió a su habitación. Sin saber muy bien el por qué, se fue directa a la cama y se tumbó boca arriba, de modo que podía mirar el cielo que mostraba la ventana. Un cielo azul, despejado y casi sin ninguna nube. Como si el viento tan solo fuera una mera brisa que dificultaba el paso del propio cielo y de sus nubes. El sueño comenzó a bajar los párpados a Nicole, y antes de que pudiera darse cuenta, el sueño pasó a ser la realidad.



viernes, 9 de marzo de 2012

CONTINUACIÓN CAP 1


-Oye Sharon, ¿y a ti a dónde te apetece ir esta tarde?- dijo Sofía, la más pequeña del grupo.
-Pues no tengo ni idea, tía. Tal vez al cine. Me parece que echan una peli de terror.
-Tú y tus pelis de terror, ¿eh? Si es que sois inseparables…- bromeó Sofía, la pequeña del grupo.

- En fin… ¿Dana, qué te apetece hacer a ti?
-¿Porqué no vamos a comer? He oído que hay un nuevo restaurante cerca de aquí. Podemos ir y ver que tal.
 -Sí ¿porqué no? Yo me apunto- dijo Nicole- ¿Y vosotras?
-No tengo otra cosa mejor que hacer aunque ya iré un día al cine. La peli sigue vigente… – respondió Sharon.
-Yo tenía que ir de compras con mi madre pero no creo que pase nada si me escaqueo un día. Ya se me ocurrirá algo que decirla-dijo Sofía.
-Mejor largarme unas horas de casa; mi hermano últimamente está insoportable, no hay quien lo aguante, en serio- dijo Eli, que a pesar de ser la mayor, no era precisamente la más responsable, siempre la habían considerado como la rebelde del grupo.
-Entonces, decidido. Vamos al restaurante ese- preguntó Nicole.
-¡Oye! Que no es un restaurante cualquiera, si hasta han contratado a un grupo de música- replicó Dana.

-Pues no pienso ir de etiqueta –protestó Eli.
-Yo tampoco- dijo Nicole- No creo que sea de ese tipo de restaurantes, ¿no? ¿Dana?
-Que yo sepa no.


La campana dio por finalizado el recreo. Subieron a sus aulas, y a Nicole y a Dana no les quedaba más remedio que aguantar una hora de Filosofía hablando de Platón, otra hora de Historia de España aún más aburrida que la clase anterior y una última clase de Inglés.

-¿Te has enterado de lo último que ha dicho el de Inglés?
-Perdona ¿qué?
-Que te han tirado tu mochila por la ventana- dijo Dana.
-Ah vale, bien-respondió Nicole.
-Vale. ¿Se puede saber qué te pasa hoy?
- ¿Qué me va a pasar?
 -Que estás a uvas, Nicole. Es por ese sueño, ¿no? No te deja dormir bien.
-Últimamente se repite mucho y esta noche, te lo juro, creía que era de verdad.
-¿Se lo has dicho a tus padres?-preguntó Dana. -Saben lo del sueño pero no que se repite tanto y tampoco voy a contarles todo.
-Ya, ya. Pues te prohíbo que pienses en eso ahora, que vamos a salir y lo peor que puedes hacer es seguir dándole vueltas a eso. Esta tarde me voy a encargar personalmente de que te olvides del sueño y te centres en tu batido de chocolate de siempre, y todo volverá a ser como antes, sin sueños, sin distracciones y sin chicos pervertidos por ahí.
-¡Ja ja ja! Ok, te tomo la palabra.


Pero, “¿cómo antes?”, pensó Nicole. Se podría decir que era una chica normal y corriente de diecisiete años, salvo por aquel sueño. Le era difícil recordar su infancia sin él, pensar en no tenerlo le resultaba casi imposible, era como el pan de cada día pero, a pesar de ello, siempre se había considerado una chica del montón, con una vida aburrida de estudiante y sin nada interesante en particular. Pero lo que Nicole no podría imaginarse es que el nuevo estudiante, al que no le habían prestado mucha atención, quitando esos ojos suyos de color miel tan hipnotizadores en los que se fijó Nicole, cambiaría su vida para siempre.

“Corinto” se llamaba el restaurante, y cuando entraron en él, todas pudieron ver lo acertada que estaba Dana: era un lugar acogedor, con mesas rectangulares de dos a seis sillas cada una; la luz era tenue, como para dar sensación de acogida y a la vez, como si fuera un lugar íntimo; los camareros, en su mayoría jóvenes estudiantes que trabajaban allí para sacar un dinero, recorrían sin parar el restaurante, tomando los pedidos de los clientes. La comida transcurrió con normalidad, y como había prometido Dana, las risas, bromas de sus amigas y su enorme y típico batido de chocolate, consiguieron que Nicole se olvidara de su sueño, aunque muchas veces, cuando creía que no iba a repetirse, el sueño volvía, pero cada vez con más nitidez que antes y aquello le preocupaba, tal vez demasiado porque sus distracciones quedaban reflejadas en unas notas un tanto mediocres y diversas llamadas de atención en clase.

Aunque ya habían terminado de comer, se quedaron un rato dentro del restaurante, hacía un frío típico del mes de Noviembre y preferían estar en un lugar calentito. Sofía, estaba tumbada con la cabeza apoyada en el regazo de Dana; a su derecha, Sharon y Nicole, en el respaldo junto con Eli.

-¿Desde cuándo te has convertido tú en una tragona de batidos de chocolate?-preguntó Eli a Nicole.
-Creo que aquí hay gato encerrado…-dijo Sharon con picardía.
-¿No será por el nuevo de tu clase, que te ha dejado sin palabras y para recuperar el aliento perdido te tomas una gran cantidad de batidos de dulce chocolate?-arremetió Sofía, acentuando exageradamente la palabra “dulce”.
-Eso lo dices por ti, ¿no? Que te he visto cómo le mirabas a la salida de clase -contraatacó Nicole, y como respuesta, tuvo un ligero rubor en las mejillas de Sofía
-Yo me he fijado más en sus ojos…dulce color miel…
-Y tan dulce, como tu chocolate-dijo riéndose Sharon y Eli, que no podía aguantar más, estalló en carcajadas seguidas por Sofía, Dana y por último, acabó uniéndose también Nicole.

Más risas, bromas y llegó la hora de irse. No eran ni las cinco de la tarde pero Nicole debía hacer el trabajo, al igual que Dana.

-Ya nos veremos mañana-dijo Eli.
-No pienses mucho en el nuevo, ¿eh Sofía?- la dijo Nicole.
-Déjalo ya ¿quieres?- dijo avergonzada.
-Pero si es la pura verdad…
-En fin…Nos vemos mañana-dijo Sharon con un movimiento de la mano.


Ya solas, Nicole y Dana se fueron, sus casas estaban a escasos cinco minutos y las gustaba ir juntas al colegio desde que eran unas niñas para ir hablando por el camino.

-¿Qué tenemos a primera hora?-preguntó Dana.
-Mm…Los viernes a primera hora, Arte, creo-respondió Nicole.
-Otro día sin profesor, ¿no? Rodrigo lleva faltando a clase más de una semana.
-Pero no es la primera vez-puntualizó Nicole-.Ningún profesor nos quiere decir qué es lo que le pasa, eso sí que es raro.
-Tal vez tenga algo grave o yo qué sé- dijo con un encogimiento de hombros.
-A saber. De todas maneras, falta un montón últimamente, pero es buen profesor.
-¿Verdad que sí? Me acuerdo de mi profesora en la ESO de mi otro colegio, bueno si se puede considerar profesora, esa sí que era mala explicando. Pero éste es diferente. Me gusta cómo da clase.
-Y su cuerpo también, ¿no?- bromeó Nicole.
-Claro. Y su cuerp…¡No!¡Pero qué dices!
-Que te he visto cómo le mirabas en las clases, sobretodo en Arte, como anda rondando por la clase, tienes mejores vistas que cuando nos da Diseño, ¿no? Como está sentado delante de ti…
- ¿Pero qué tonterías estás diciendo?- replicó Dana- ¡Yo nunca me fijaría en un profesor!
-Claro, si hablamos de un profesor normal, pero como este tiene toda la pinta de no serlo, así que estás salvada.
- Pero mira que eres pesadita, ¿eh?


Finalmente, llegaron a casa de Dana, y Nicole se despidió de ella. Aún recordaba la primera vez que fue a su casa: no era especialmente grande ya que solo vivían en ella Dana y su hermana, Helena, que tenía diez años más que ella y que trabajaba en un hospital como pediatra. Sus padres murieron en un accidente de coche cuando Dana apenas tenía diez años, por lo que su hermana tuvo que cuidar de ella; le resultó muy difícil compaginar estudios, trabajo a media jornada de camarera y los cuidados de la casa y de su hermana, sin embargo, consiguió acabar la carrera y encontrar un buen puesto; Dana no solía mostrar a menudo a sus sentimientos, al menos, no abiertamente, pero admiraba mucho a su hermana, nunca cambiaría su relación con ella, siempre fue su apoyo, tanto en los buenos momentos como en los malos. Muchas veces, Nicole pensó en cómo sería tener un hermano, era hija única pero envidiaba tener a una persona con tanta confianza como la que sentía Dana por su hermana.

Al cabo de cinco minutos caminando, llegó a su casa. Se quedó mirándola, sin saber muy bien por qué, pero algo la decía que algo iba mal, como un sexto sentido. Haciendo caso omiso a él, sacó sus llaves y entró en casa. No tenía ninguna gana de hacer el trabajo, su profesor al parecer se dedicaba a mandarles trabajos, pero este era diferente a los demás, tenían que buscar información relevante al año en el que nacieron. Al cabo de media hora, algo llamó la atención de Nicole: un extraño accidente de avión ocurrido el 2 de Junio de 1993. 2 de Junio de 1993... Esa fecha era muy familiar para Nicole, al fin y al cabo, ella nació en esa fecha. Pero lo que más la llamó la atención fue que los testigos oculares de la tragedia dijeron a la policía que divisaron sombras entre las llamas del avión, parecían de aspecto humano, pero ninguna persona podría haber soportado tal cantidad de humos en sus pulmones por lo que la policía concluyó en que fue fruto del shock producido por el accidente. Al parecer, el avión se estrelló en un bosque en los alrededores del aeropuerto; la caja negra no dio más información de la que ya sabían por lo que la investigación quedó archivada hasta que encontraran pruebas más concluyentes que explicaran lo ocurrido en tal desastre.

- Qué curioso. Esas sombras entre las llamas…¡No es posible!


Acababa de ver una foto de ellas. Pero no fue el que hubiera una foto del accidente lo que le sorprendió a Nicole, sino lo que había detrás de esas extrañas figuras. En una de figuras, tenía forma alargada y terminaban con extremos puntiagudos. Estaban colocadas a la altura de los hombros de lo que sería una persona de estatura media. Su parte superior no era una línea recta, sino más bien ondulada y parecía como si abarcase casi toda la figura. Con aquello que había visto solo podría significar otra cosa.




1. EL COMIENZO


Nicole recorría la calle a una velocidad que algunos hasta podrían considerar sobrehumana. Agradecía todas esas horas que su entrenador personal le obligaba a correr alrededor del campo porque ahora estaban dando su fruto.

Los pulmones le ardían, pero no podía dejar de correr, podría alcanzarla y ese sería su fin. Nadie podría imaginarse que la chica que corría velozmente por la calle estaba siendo perseguida por un ser que ni los humanos podrían visualizar. Un ser de otro planeta, mitológico, uno creado por la propia mente de la persona que lo estaba viendo en ese momento… Los humanos tenían la característica propia de inventarse cualquier razón y teoría para quedarse más tranquilos, sus mentes no podían asimilar aquellos conceptos que les llevaban a pensar en esa criatura como sobrenatural.

Sin embargo, sobrenatural o no, la estaba persiguiendo y era lo suficientemente intuitiva para saber que en cuanto la alcanzase, sería su fin. Pero ¿cómo podría una simple estudiante luchar con ese ser? Ella no tenía ningún poder, nada que la hiciera sobresalir por encima de los demás, salvo su rapidez claro; y eso era lo que estaba haciendo en ese momento, aprovechar el duro entrenamiento para intentar cansar al monstruo. Pero apenas podía seguir respirando por lo que dio media vuelta esperando su triste destino. Cuando el monstruo se abalanzó sobre ella, espada en mano… ¡RING!... “¿No debería sonar como…?

-¡NICOLE!

Se sobresaltó, tanto que casi se cayó de la cama. Lo primero que hizo fue mirar a su alrededor, sí, sin duda era su habitación pero fue tan real. De nuevo, la voz de su madre la sacó de su ensoñación.

-Nicole, vas a llegar tarde
- ¿Tarde a qué?
- ¿A qué va ser? Al colegio. Pero veo que sigues teniendo esa pesadilla por lo que veo.
-Sí ya no me deja ni dormir- y como para enfatizarlo aún más, un sonoro bostezo se oyó por toda la habitación.
-No hay más remedio, cariño. Sabes que tienes que ir al colegio. Bueno, ven a desayunar que sino el tiempo se te va a echar encima.
-Vale- dijo con desgana-me visto y bajo.


 
Con pereza, se dispuso a vestirse el uniforme como cualquier otra mañana en un día de instituto. Se ajustó bien las medias y fue hacia la cocina. Su madre apenas estaba el tiempo suficiente en casa como para hablar con ella, por las mañanas la despertaba y se iba. Su padre trabajaba durante la noche hasta bien entrada la madrugada así que apenas tenía tiempo de hablar con ellos.

A pesar del silencio tan habitual en la mañana, hoy no iba a ser un día cualquiera para Nicole, tenía un examen muy importante y lo tenía que aprobar como fuera. Llevaba estudiando durante mucho tiempo y tenía muy bien aprendidos los conceptos, pero no podía evitar estar nerviosa. Siempre la habían considerado como una persona inteligente y de gran potencial pero ella se describía a sí misma como una chica adolescente normal, quitando los extraños sueños que llevaba teniendo desde que tenía uso de razón. Nunca lograba recordarlos, pero había uno que se repetía con frecuencia y era el más real comparándolo con los otros. Al principio, le preocupaba que fueran tan habituales y raros en comparación a lo que suelen soñar los niños pero al pasar el tiempo, ya no les daba tanta importancia, para ella seguían siendo sueños al fin y al cabo; pero últimamente se repetía con frecuencia, lo que le preocupaba.

Terminó de desayunar, cogió su mochila y se fue al colegio. La mañana transcurrió con normalidad exceptuando el nuevo trabajo que le habían mandado: buscar información de lo ocurrido en el mismo día de su nacimiento. No le encontraba sentido a este trabajo pero no le quedaba más remedio que hacerlo, habían castigado a toda su clase en uno de los numerosos desvaríos y pérdidas de control de su profesor de Lengua. Y llegó la hora del examen, no fue muy complicado aunque como siempre, había preguntas de un nivel considerablemente alto incluso para Nicole, pero a pesar de ello, las hizo sin dificultad.

- ¿Qué has contestado a la tercera pregunta?

Nicole reconocería esa vocecilla tan suave en cualquier parte. Se trataba de Dana. Tan parecidas y a la vez tan diferentes. Dana era dulce y con una sonrisa encantadora pero a su vez, enérgica y con ganas de comerse el mundo, por lo que casi siempre era ella la primera en lanzarse a hacer cualquier cosa que tuviese la palabra interesante o difícil delante. Nicole en cambio, tenía un carácter fuerte y decidido, aprovechaba cualquier oportunidad que se le ponía por delante, por pequeña que fuera. Entre ellas existía como una conexión en la que no necesitaban palabras para comunicarse, eran capaces de ver qué estaba pensando la otra con tan solo una mirada.

-Perdona ¿qué me decías?
-Que qué has contestado a la tercera pregunta dormilona.
-¡Ah! ¿Te refieres a lo de Al-Andalus?
-Esa misma era la respuesta. Porque lo es, ¿no?- preguntó con apremio Dana.
-Sí, sí tranquila.
 -Uf, menos mal, no soportaría suspenderlo, mis padres me matarían…
 -Puedes estar tranquila, creo que por lo menos vivirás una semana, o lo que tarde en corregir el examen el profesor…
 -¡Serás capulla!- protestó Dana.
-¡Ja ja ja! Era broma. Si tú sabes que yo te quiero.
-Y me lo demuestras de esa forma…

Era el mismo juego de siempre. A Nicole le encantaba picar a Dana y ella aceptaba las bromas, pero también se las devolvía. Desde pequeñas, siempre habían tenido una relación especial y en los últimos años, Dana se ha ido convirtiendo en uno de sus mayores apoyos.

-Vives en tu mundo, ¿eh? Oye, tengo una idea, ¿por qué no salimos esta tarde con las chicas? Así te olvidarás por lo menos un rato de ese sueño.
-Sí, ¿por qué no? Me vendrá bien.
-¿A dónde te apetecería ir?- preguntó Dana.
-Pues no sé. Prefiero hablarlo con las chicas, a ver qué las apetece hacer.

Al salir de clase, se reunieron en el patio de abajo. Su colegio era bastante grande y tenía dos grandes patios con campos de baloncesto y de fútbol. Preferían ir al patio de abajo, les resultaba más tranquilo estar sin ningún tipo de distracción como la de las continuas vigilancias al balón para asegurarse de que no se saliera de su trayectoria y fuera a su cara en un intento de meterla en la portería. Todo ello, la recordaba cuando era pequeña, vivía en una especie de burbuja donde pocos han podido entrar y muchos menos, quedarse. Aunque al cabo de los años, la burbuja fue desapareciendo.

 

Argumento del libro

ARGUMENTO
Todo es normal en la vida de Nicole o eso creía ella. Desde que descubrió haber nacido al mismo tiempo que aquel desastre, su cabeza no para quieta. ¿Acaso fue una coincidencia el hecho de que solo hubo una superviviente de apenas unos pocos días de vida? Imposible, sus padres se lo habrían contado o eso pensaba. Los testigos oculares de la tragedia dijeron a la policía que divisaron sombras entre las llamas del avión con unas manchas borrosas a la espalda, como unas alas… Los ángeles no existen… ¿o sí?